Comida favorita de un Escorpio

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Escorpio impregna sus relaciones de una atmósfera de fanatismo emocional y de una espesa especulación que le conduce a toda clase de intensidades y pasiones, incluso en sus preferencias gastronómicas. Este signo de agua fijo, regido por Marte en la tradición clásica y asociado también a Plutón en la astrología moderna, tiene con la comida una relación que ningún otro signo del zodiaco entiende del mismo modo: no come por costumbre ni por convención social; come cuando quiere, con una concentración absoluta en lo que está haciendo, y tiene opiniones sobre lo que come que son firmes como la roca y difíciles de cambiar.

La astrología clásica asigna a Escorpio el dominio de los órganos sexuales, la regeneración y los procesos de transformación profunda. En gastronomía, esto se traduce en una atracción irresistible hacia los alimentos que han pasado por algún proceso de transformación radical: la fermentación, el curado, el ahumado largo, la cocción que cambia completamente la naturaleza del ingrediente original. Escorpio aprecia la alquimia culinaria porque reconoce en ella un proceso análogo al que él mismo experimenta emocionalmente: la transformación que produce algo nuevo e irreversiblemente distinto de lo que había al principio.

El paladar característico de Escorpio

El paladar de Escorpio es de los más complejos del zodiaco, en todos los sentidos posibles. Tiene una tolerancia al sabor intenso y extremo que resulta llamativa incluso para los paladares más aventureros: puede comer el queso más penetrante, el embutido con más personalidad, el picante más brutal o el fermentado más salvaje sin el menor signo de incomodidad. Lo que no tolera bien, en cambio, es la mediocridad: el sabor neutro, el producto sin carácter, la comida diseñada para no ofender a nadie y que por tanto tampoco emociona a nadie.

Come con la misma intensidad que hace cualquier otra cosa: con concentración total, sin distracciones, como si el plato que tiene delante fuera el único objeto en el universo. No es un comensal fácil de distraer de lo que está comiendo; una vez que está en la mesa y tiene delante algo que le interesa, el resto del mundo puede esperar. Esta capacidad de concentración produce que Escorpio perciba matices que otros pasan por alto, y que los malos productos no tengan donde esconderse.

También tiene una memoria sensorial extraordinariamente precisa para los sabores. Recuerda exactamente el sabor de un plato que probó hace años, puede identificar ingredientes en preparaciones complejas que otros no distinguen y tiene el tipo de paladar que los sumilleres desarrollan con años de entrenamiento, pero que en Escorpio parece innato. Esto puede ser un don o una maldición cuando la comida es mediocre, porque las decepciones también se graban con la misma fidelidad.

Los platos favoritos de Escorpio

Los embutidos curados de carácter fuerte están en el primer círculo de los favoritos de Escorpio: el salami picante que lleva meses en la cámara, el jamón ibérico de pata negra con sus cristales de tirosina que son señal de maduración profunda, el chorizo de matanza con pimentón de la vera que deja los dedos rojos y el paladar contento, el queso azul que huele a cueva y sabe a siglos de saber hacer. Todo lo que tiene la huella del tiempo y del proceso en su sabor le parece más interesante que lo fresco y lo neutro.

Los mariscos de sabor intenso: las ostras que saben a mar profundo y a yodo sin atenuantes, las navajas a la plancha con ajo y perejil que crujen en los bordes, el bogavante partido por la mitad y cocinado a la brasa que tiene algo de sacrificio ritual en su preparación. También los cefalópodos: el calamar en su tinta que tiñe el arroz de negro y tiene ese sabor concentrado y casi oceánico, el pulpo a la gallega con su pimentón ahumado.

Los guisos de caza y las preparaciones que aprovechan los despojos nobles: el rabo de toro estofado que se hace en vino tinto hasta que la carne se desprende del hueso, el morcillo de ternera con tuétano que se come en cucharada sobre un crostón de pan, las mollejas a la plancha que crujientes por fuera y suaves por dentro son uno de los bocados más complejos que existen. Escorpio no solo no le tiene miedo a los despojos; los considera, con razón, los ingredientes más honestos de la gastronomía.

Sabores y texturas que conquistan a Escorpio

El umami en sus expresiones más concentradas es el sabor que más directamente conecta con la sensibilidad de Escorpio. El glutamato que se libera en los fermentados y los curados, el que tienen los quesos muy maduros, las salsas de soja y de pescado fermentadas, el miso oscuro de larga maduración, el salsa Worcestershire que es básicamente umami embotellado: todo ello activa en Escorpio una respuesta de reconocimiento profundo que no todos los paladares tienen la sensibilidad para detectar.

El amargor también le resulta familiar y atractivo, no incómodo. El café sin azúcar de tostado oscuro, el chocolate de 90 por ciento de cacao, la cerveza Guinness que es casi sólida de tan densa, el campari que mezcla el amargo con el dulce en una tensión permanente: Escorpio aprecia el amargor porque no engaña, no suaviza, no busca la aprobación del paladar. Es el sabor más honesto que existe.

En texturas, tiene una afinidad particular por lo que tiene una densidad que se resiste levemente antes de ceder: la carne guisada que se deshace pero no antes de haber demostrado que estuvo viva, el queso de pasta semidura que opone una resistencia justa al corte, el caldo reducido hasta casi ser gelatinoso que se adhiere ligeramente al paladar. También le atrae lo suave que esconde algo: la crema que tiene una reducción intensa en el fondo, el guiso cuya salsa concentra más de lo que parece a primera vista.

La cocina internacional que enamora a Escorpio

La cocina coreana tiene con Escorpio una afinidad que resulta evidente para quien conoce ambas. Corea tiene una cultura de la fermentación sin igual: el kimchi en sus múltiples versiones, el doenjang que es el miso coreano de sabor más agresivo, el ganjang que es la salsa de soja fermentada por los monjes durante años, el garosu que es un vinagre de persimón que ha tardado tres años en hacerse. Esta filosofía de dejar que el tiempo y las bacterias transformen lo sencillo en algo complejo e intenso es exactamente lo que Escorpio comprende como cocina seria.

La cocina española de interior también le resulta afín en muchas de sus expresiones: los embutidos de la matanza, las morcillas con arroz o con cebolla, los quesos de oveja curados de la Mancha, los chuletones de vaca vieja madurada en seco. Hay en la cocina castellana e ibérica una honestidad sin concesiones y una intensidad de sabor que Escorpio reconoce como propias.

La cocina china de Sichuan, con su uso del picante y del adormecedor anestésico de la pimienta de Sichuan que produce una sensación casi alterada en el paladar, le parece fascinante. Sichuan cocina con la misma intensidad con la que Escorpio vive. Y la cocina mexicana profunda, la de los moles que llevan treinta ingredientes y dos días de elaboración, los chiles secos que tienen una complejidad de sabor comparable a un vino añejo, los tacos de guisado que concentran en una tortilla toda la profundidad de la cocina indígena: son preparaciones que están en su frecuencia.

Los postres y dulces de Escorpio

Escorpio no es, en general, un gran amante de los postres convencionales. El dulce sin matices le resulta interesante durante exactamente tres bocados, que es lo que tarda en aburrirle la ausencia de complejidad. Lo que busca en el capítulo dulce es lo mismo que busca en el resto de la comida: intensidad y profundidad. Un postre que sea solo dulce no le convence; un postre que sea dulce y amargo, dulce e intenso, dulce con un giro que no esperaba: eso es otra historia.

El chocolate negro es su gran amor en el mundo del dulce, y cuanto más oscuro mejor. No el chocolate con leche que endulza hasta el hastío; el chocolate de 85 o 90 por ciento que tiene amargura, complejidad aromática y ese final largo en el paladar que se parece vagamente al de un buen vino tinto. El coulant de chocolate con corazón fundido que explota al romperlo con la cuchara, el pastel de chocolate sin harina que es casi un concentrado, la trufa de ganache de chocolate y café con flor de sal: estos son sus postres favoritos.

También le resultan interesantes los postres que tienen ingredientes inesperados: el caramelo con miso que mezcla lo dulce y lo umami de manera perturbadoramente satisfactoria, el helado de aceite de oliva con sal en escamas, el flan de café con su punto amargo equilibrando el dulce de la nata. Y los licores digestivos como extensión natural del postre: el Fernet que no es para todos, el orujo gallego que limpia el paladar con brutalidad eficiente, el whisky de malta ahumado que es casi un postre líquido para quien lo entiende.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 04 feb 2022

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