Escritores famosos signo Acuario

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Acuario escribe desde el futuro. No porque tenga dones proféticos, sino porque su mente funciona con suficiente distancia respecto al presente como para ver lo que otros todavía no pueden ver, o no quieren ver. Saturno y Urano, sus regentes en la tradición clásica y moderna respectivamente, le otorgan una combinación peculiar: la disciplina para construir y la electricidad para imaginar lo que no existe. El escritor acuariano es con frecuencia incomprendido en su época y celebrado en la siguiente, no porque sea oscuro sino porque es prematuro.

La escritura acuariana es siempre, en alguna medida, una escritura política: no en el sentido de panfleto partidario sino en el sentido de que Acuario nunca olvida que el individuo existe dentro de una estructura social, y que esa estructura puede y debe ser cuestionada. Sus narradores raramente se conforman con contar una historia privada: la historia privada siempre apunta hacia algo más grande, un sistema que la genera, una injusticia que la explica. Esta vocación social puede producir una literatura de manifiesto o una literatura de análisis frío, pero en ambos casos el individuo es también un síntoma.

Los grandes escritores de Acuario

El panteón acuariano en las letras combina la visionaria con el reformador, el excéntrico con el sistemático. Charles Dickens (7 de febrero de 1812) es el caso más representativo: sus novelas son simultáneamente entretenimiento popular masivo y crítica social de una efectividad que ningún panfleto político habría conseguido. Sus personajes son exagerados hasta la caricatura, sus tramas son sentimentales hasta el límite, y sin embargo sus retratos de la miseria victoriana cambiaron la percepción pública de los problemas sociales de su época.

Stendhal (23 de enero de 1783) inventó la novela psicológica moderna antes de que la psicología existiera como disciplina. Lewis Carroll (27 de enero de 1832) escribió los dos libros de no-sentido más influyentes de la historia, lo que en realidad quiere decir que escribió los libros que más inteligentemente cuestionan lo que llamamos sentido. Lord Byron (22 de enero de 1788) fue el poeta más escandaloso de su época y el primero en ser famoso por ser famoso, lo que resulta extrañamente contemporáneo. Colette (28 de enero de 1873) retrató la sensualidad y la independencia femenina con una franqueza que su siglo dificilmente toleró. Bertolt Brecht (10 de febrero de 1898) redefinió el teatro como instrumento político. Y James Joyce (2 de febrero de 1882) convirtió la novela en un experimento de conciencia que todavía no hemos terminado de asimilar.

El estilo literario del aguador: experimentación, ironía sistemática y perspectiva oblicua

La escritura acuariana no es predecible. El narrador puede cambiar de tono, de perspectiva, de registro sin previo aviso, y el lector que espera continuidad se desorienta. Esta desorientación no es descuido sino método: Acuario sospecha de todo lo que parece demasiado ordenado, y su escritura refleja esa sospecha. Joyce llevó esto al extremo del monólogo interior y del flujo de conciencia: la narrativa convencional le parecía una mentira sobre cómo funciona realmente la mente humana, y prefirió el caos aparente de la conciencia real al orden artificial de la ficción clásica.

La ironía acuariana es sistémica: no se aplica a una situación concreta sino que impregna toda la visión del mundo. Dickens ironizaba sobre el sistema entero, no sobre personajes individuales. Carroll ponía en cuestión las reglas del lenguaje y la lógica, no de un silogismo particular. Brecht construyó el teatro del distanciamiento precisamente para que el público no pudiera identificarse emocionalmente y tuviera que pensar. Esta ironía puede resultar fría o incluso cruel, pero raramente es fútil: siempre apunta hacia algo que el autor considera que debería cambiar.

Los géneros que dominan: novela social, teatro político y literatura del absurdo

La novela que retrata el funcionamiento de una sociedad o de un sistema con suficiente detalle como para convertirse en documento histórico es el dominio acuariano por excelencia. Dickens lo estableció: sus novelas son al mismo tiempo ficción y etnografía de la Inglaterra victoriana. El teatro de ideas, donde la obra dramática es también un argumento sobre cómo debe organizarse la sociedad, es asimismo territorio del signo: Brecht lo codificó para el siglo XX.

La literatura del absurdo, que cuestiona las bases lógicas y lingüísticas de la comunicación humana para revelar lo arbitrario de lo que damos por supuesto, es también un dominio acuariano: Carroll lo inauguró en formato infantil, y la vanguardia del siglo XX (Ionesco, Beckett, aunque este es Aries) lo desarrolló en formato adulto. La ciencia ficción que funciona como crítica social —el mundo imaginado como espejo distorsionante de la realidad presente— encuentra en Acuario a uno de sus cultivadores más fértiles.

Los clásicos acuarianos que marcaron época

Historia de dos ciudades (1859) y Oliver Twist (1839) de Dickens son los títulos más conocidos de una obra que cambió la percepción pública de la pobreza y la injusticia en Inglaterra con más efectividad que cualquier campaña política. Alicia en el País de las Maravillas (1865) de Carroll es el libro que más ha influido en la vanguardia artística del siglo XX: surrealistas, absurdistas y posmodernos han vuelto a él una y otra vez como a un texto fundacional.

Ulises (1922) de Joyce es el libro que más ha influido en la narrativa del siglo XX y también el que más lectores han fingido haber terminado. Su técnica del flujo de conciencia, su uso del lenguaje como objeto de investigación además de como instrumento de narración, su estructura homérica disimulada bajo la superficie del Dublin cotidiano: todo en él es acuariano hasta la médula. La ópera de los tres centavos (1928) de Brecht, con música de Kurt Weill, redefinió lo que el teatro podía ser políticamente y sigue siendo referencia en la discusión sobre arte y compromiso.

Escritores acuarianos en lengua española

La tradición hispanohablante cuenta con varios acuarianos de primera fila. Gustavo Adolfo Bécquer (17 de febrero de 1836) no encaja con la imagen habitual del escritor acuariano: sus Rimas son más cercanas a la lírica romántica intimista que a la crítica social. Sin embargo, su visión de la poesía como captación de lo inasible tiene algo de la perspectiva oblicua del signo. Sus Leyendas en prosa son más representativas de la capacidad acuariana para transitar entre lo cotidiano y lo fantástico sin señalar la frontera.

El acuariano hispanohablante verificado más notable es José Martí (28 de enero de 1853), cuya obra combina el periodismo político, la poesía modernista y el ensayo filosófico en una síntesis genuinamente acuariana: escritura al servicio de la transformación social, con una visión que trasciende su época histórica inmediata. Martí no escribía para el lector de su tiempo sino para la conciencia que ese lector podría llegar a tener. Su Ismaelillo (1882) y sus Versos sencillos (1891) son también, y quizá principalmente, declaraciones de principios sobre la relación entre el poeta y la libertad. En España, Gustavo Adolfo Bécquer (17 de febrero de 1836), aunque su romanticismo íntimo contrasta con la imagen combativa del signo, introduce en la poesía española una sensibilidad nueva y una forma —la rima— que no tiene precedente claro en la tradición: la innovación formal como acto de rebeldía tranquila es también una forma de ser Acuario.

La tradición acuariana en las letras hispanohablantes tiene en común una desconfianza hacia las convenciones establecidas y una disposición a pagar el precio de esa desconfianza. Martí pagó con el exilio y la muerte en combate. Bécquer pagó con la incomprensión de sus contemporáneos que encontraban su poesía demasiado personal para ser seria. Esta actitud de ruptura con lo establecido en nombre de una visión que el presente no puede todavía ver es la marca más específica del signo en su versión literaria, y es también lo que hace que los escritores acuarianos sigan siendo leídos mucho después de que las convenciones que transgredieron se hayan olvidado.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 05 feb 2022

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