Escritores famosos signo Leo

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Leo escribe para ser recordado. No es una ambición que oculte: es el motor que mueve la pluma desde el principio, la razón por la que algunos escritores de este signo producen obras de dimensiones casi obscenas en extensión o en ambición. El Sol rige a Leo y el Sol no se conforma con iluminar una esquina: quiere iluminar el mundo entero, o al menos esa parte del mundo que lo está mirando. La literatura leonina tiene siempre esa vocación de permanencia, esa voluntad de inscribir el nombre propio en la historia de las letras con letras suficientemente grandes como para que no haya lugar a malentendidos.

Pero la grandiosidad de Leo no es vanidad vacía, o no lo es cuando el talento acompaña. Los mejores escritores leoninos han conseguido que su ambición personal coincida con una generosidad narrativa que transforma su impulso de protagonismo en un regalo para el lector. Sus novelas son vastas porque la vida les parece vasta. Sus personajes son grandiosos porque Leo cree en los seres humanos con una fe que a veces roza la ingenuidad y que casi siempre produce literatura memorable. El drama del signo es que cuando el talento no está a la altura de la ambición, la caída es estrepitosa. Pero cuando coinciden, el resultado puede ser épico en el sentido más literal del término.

Los grandes escritores de Leo

El panteón leonino de las letras tiene nombres que no necesitan presentación, y varios de ellos crearon los libros más largos o más ambiciosos de la historia de la literatura. Guy de Maupassant (5 de agosto de 1850) es el cuentista más técnicamente perfecto del siglo XIX: su dominio de la forma breve es una paradoja leonina, la grandiosidad concentrada en pocas páginas. Aldous Huxley (26 de julio de 1894) escribió Un mundo feliz con la convicción de que un novelista puede y debe anticipar el futuro.

Herman Melville (1 de agosto de 1819) construyó Moby Dick, que es probablemente la novela más leonina jamás escrita: un hombre persiguiendo una obsesión imposible a través de los mares del mundo, con una ambición narrativa que incluye capítulos enteros de taxonomía cetácea porque el autor consideró que el lector necesitaba saberlo todo. Alexandre Dumas (24 de julio de 1802) creó un universo narrativo tan fértil que todavía nutre el cine y la televisión dos siglos después. Percy Bysshe Shelley (4 de agosto de 1792) fue el poeta romántico más rebelde de su generación. Y Jorge Luis Borges (24 de agosto de 1899) redefinió lo que la ficción podía ser con una elegancia que contrasta con el barroquismo habitual del signo pero que responde a la misma voluntad de totalidad.

El estilo literario del león: grandiosidad, drama y magnetismo narrativo

La prosa leonina no tiene miedo a la grandeza. Donde otros signos se contendrían, Leo añade un adjetivo más, extiende una escena, amplifica el conflicto. Esta tendencia puede convertirse en efectismo cuando no está controlada, pero cuando está al servicio de una historia genuinamente épica produce una energía narrativa que atrapa al lector con la misma fuerza con que la melena del león paraliza a la gacela: por puro magnetismo.

El narrador leonino tiene una presencia muy marcada en el texto. Incluso cuando escribe en tercera persona, se percibe un yo que organiza el relato con una confianza absoluta, que sabe exactamente qué importa y qué no, que no duda en subrayar lo que considera esencial. Borges llevó esta presencia narrativa a su forma más abstracta: un narrador que no necesita declararse porque su inteligencia organiza cada frase con una autoridad que es inconfundible. Dumas, en el extremo opuesto, estaba en todas partes y no lo disimulaba.

Los géneros que dominan: novela épica, relato fantástico y drama histórico

La novela histórica de grandes dimensiones, el drama que abarca una época entera, la saga familiar que cubre varias generaciones: estos son los géneros donde Leo se encuentra más cómodo. Dumas los cultivó todos y con todos tuvo éxito. La novela de aventuras, donde el héroe enfrenta obstáculos desproporcionados con una energía inagotable, también responde a la sensibilidad del signo.

El relato fantástico y la literatura de ideas —donde la narrativa es el vehículo de una concepción del mundo que el autor quiere comunicar— es otro dominio leonino. Huxley y Borges, por caminos completamente distintos, comparten esa vocación de usar la ficción como laboratorio conceptual. El teatro de grandes pasiones, la ópera literaria, el poema dramático: todo lo que requiere que el espectador o lector se entregue completamente al mundo del autor es territorio leonino natural.

Los clásicos leoninos que marcaron época

Moby Dick (1851) de Melville fracasó en vida del autor y se convirtió póstumamente en la novela americana por excelencia: la obsesión del capitán Ahab persiguiendo la ballena blanca es la metáfora más potente que la literatura estadounidense ha producido sobre la hybris y el destino. Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844-1846) de Dumas son entretenimiento puro elevado al nivel de mito: doscientos años después siguen siendo leídos, adaptados y amados.

Un mundo feliz (1932) de Huxley compite con 1984 de Orwell en la carrera por haber pronosticado mejor el siglo XXI: Huxley apostó por el control mediante el placer, Orwell por el control mediante el miedo, y el debate sobre quién acertó más sigue siendo fructífero. Ficciones (1944) de Borges es el libro que más influyó en la narrativa latinoamericana del siglo XX y uno de los que más influyó en la narrativa mundial de la segunda mitad del siglo: un escritor leonino que nunca necesitó el aplauso inmediato pero construyó un universo que no tiene parangón.

Escritores leoninos en lengua española

Jorge Luis Borges (24 de agosto de 1899) es el caso canónico: el escritor argentino más universal, el que redefinió las posibilidades del cuento en castellano y, de paso, las del cuento en cualquier lengua. El Aleph, Ficciones, El jardín de los senderos que se bifurcan: la obra borgesiana tiene esa ambición de totalidad que es marca del signo, pero ejercida con una economía de medios que desmiente la imagen habitual del escritor leonino. Borges es el Leo que aprendió que la mayor grandiosidad es la que no necesita proclamarse: sus cuentos de cuatro páginas contienen más universo que muchas novelas de quinientas.

Álvaro Mutis (25 de agosto de 1923) es el leonino hispanohablante que más claramente encarna las virtudes del signo sin sus defectos: su personaje Maqroll el Gaviero es un héroe de escala épica narrado con una elegancia que nunca cae en la pomposidad. Las siete novelas de la saga del Gaviero, escritas cuando Mutis tenía ya más de sesenta años, son una demostración de que el talento leonino no tiene fecha de caducidad y de que la madurez puede producir la obra más ambiciosa. Terenci Moix (5 de agosto de 1942) cierra el trío español con una obra de dimensiones deliberadamente leoninas: su trilogía autobiográfica El peso de la paja, la historia del cine como proyecto monumental y sus novelas históricas son el catálogo de un escritor que nunca pensó en pequeño. La ironía es que Moix eligió la cultura popular como materia prima de una obra de alta cultura, lo que es perfectamente leonino: el Rey no renuncia a nada, ni siquiera al kitsch, si puede convertirlo en oro.

Lo que distingue a los escritores leoninos hispanohablantes del resto es esa mezcla de ambición personal e impacto colectivo. Borges quería redefinir la literatura y lo hizo, aunque de una manera completamente inesperada para quien esperaba grandilocuencia: lo hizo con quince páginas de prosa perfecta. Mutis quería crear un personaje mítico y lo creó, aunque tardara treinta años en encontrar su forma definitiva. Moix quería construir un monumento a sus obsesiones culturales y lo construyó, sin importarle que algunos lo encontraran excesivo. En los tres casos, la voluntad de permanencia es inequívoca: escribían para que quedara, para que no desapareciera, para que los lectores del futuro los encontraran intactos en sus estanterías. Es posible que ningún otro signo tenga tan clara esa relación entre la escritura y la inmortalidad.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 05 feb 2022

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