Escritores famosos signo Sagitario

Sagitario escribe porque el mundo le parece demasiado grande para caber en la cabeza de uno solo y necesita contárselo a alguien. El centauro lanza su flecha hacia el horizonte y luego corre a buscarla para ver qué ha tocado, y en esa combinación de impulso y curiosidad reside toda la vocación literaria del signo. Júpiter, su regente, le otorga una generosidad de visión que le permite abarcar panoramas que a otros signos se les escapan: el escritor sagitariano casi nunca cuenta una historia pequeña, o si la cuenta pequeña la ilumina de forma que alcanza dimensiones universales.
La filosofía natural del centauro es el optimismo, no el ingenuo que ignora el sufrimiento sino el que lo incluye en una visión más amplia donde el sufrimiento tiene también su función. Esta actitud produce una literatura que raramente se hunde en el fatalismo: incluso cuando los temas son duros, hay en la escritura sagitariana una energía que empuja hacia adelante, una fe implícita en que vale la pena contar esto, en que el lector puede soportarlo y crecer con ello. Esa fe es jupiteriana, solar y, cuando está bien fundada, extraordinariamente contagiosa.
Los grandes escritores de Sagitario
El elenco sagitariano en las letras universales es notable por su vocación expansiva. Gustave Flaubert (12 de diciembre de 1821) pasó cinco años escribiendo Madame Bovary, en aparente contradicción con la impaciencia del signo, pero la contradicción es solo superficial: la búsqueda del mot juste, la palabra exacta que no puede ser otra, es también una forma de aspiración jupiteriana hacia la perfección. Emily Dickinson (10 de diciembre de 1830) eligió el silencio geográfico para generar uno de los universos poéticos más vastos de la literatura norteamericana.
Joseph Conrad (3 de diciembre de 1857) navegó medio mundo antes de sentarse a escribir sobre lo que había visto, y sus novelas tienen esa calidad de la experiencia vivida que ninguna cantidad de investigación bibliográfica puede sustituir. Mark Twain (30 de noviembre de 1835) inventó la voz literaria americana con un humor que tenía también la punzada de la crítica social más efectiva. William Blake (28 de noviembre de 1757) construyó un universo mitológico propio que todavía desconcierta a los estudiosos. Jane Austen (16 de diciembre de 1775) —cuya agudeza social se disfraza de novela romántica con una eficiencia que raya en el engaño— y Louisa May Alcott (29 de noviembre de 1832) completan un elenco que abarca del misticismo al realismo social con la versatilidad típica del signo.
El estilo literario del centauro: amplitud, energía narrativa y humor filosófico
La prosa sagitariana tiene energía cinética: avanza, no se detiene más de lo necesario, lleva al lector con ella. No es la velocidad marciana, que es urgencia; es la velocidad jupiteriana, que es entusiasmo. El narrador sagitariano quiere que el lector vea lo que él ha visto, siente lo que siente, y para eso hay que moverse, hay que cubrir terreno. Las novelas de este signo raramente son estáticas: algo pasa siempre, aunque sea en el interior del personaje.
El humor sagitariano es quizá el más genuinamente filosófico de todos los signos: no el ingenio libriano, no la ironía virguiana, no el cinismo escorpiánico, sino algo más parecido a la risa que reconoce la comicidad de la condición humana sin desdén. Twain lo desarrolló hasta convertirlo en método: sus mejores momentos cómicos contienen más verdad que muchos tratados serios sobre el mismo tema. Austen lo affiló hasta que cortaba como bisturí: la comedia de sus novelas es también una autopsia de la sociedad inglesa de su época.
Los géneros que dominan: novela de aventuras filosófica, bildungsroman y sátira social
La novela que combina la acción con la reflexión filosófica —el héroe que hace cosas pero también piensa sobre lo que las cosas significan— es el territorio sagitariano por excelencia. Conrad lo practicó magistralmente: El corazón de las tinieblas es una novela de viaje pero también una interrogación sobre la naturaleza de la civilización y el salvajismo. Twain hizo lo mismo en un registro completamente diferente: Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela de formación y simultáneamente la crítica más devastadora al racismo americano del siglo XIX, escrita con la voz de un niño que no sabe que está haciendo crítica social.
La sátira, que requiere tanto el conocimiento de lo que se critica como la distancia necesaria para reírse de ello, es un género sagitariano natural: el centauro tiene bastante perspectiva como para ver el absurdo de las instituciones humanas, y bastante afecto por los seres humanos como para que la crítica no degenere en desdén. Y la poesía visionaria, aquella que aspira a revelar verdades que la razón ordinaria no alcanza, es también territorio propio: Blake lo llevó a su extremo más radical.
Los clásicos sagitarianos que marcaron época
Madame Bovary (1857) de Flaubert es la novela que inauguró el realismo moderno: la historia de una mujer que muere porque la realidad no está a la altura de sus fantasías tiene una vigencia que no ha menguado, y el estilo de Flaubert —esa búsqueda obsesiva de la palabra exacta— se convirtió en el modelo que cada novelista serio posterior tuvo que confrontar. Las aventuras de Huckleberry Finn (1884) de Twain fue llamada por Hemingway el origen de toda la literatura americana moderna, lo que es mucho decir pero no del todo inexacto.
El corazón de las tinieblas (1899) de Conrad es una novela corta que ha generado una biblioteca entera de interpretaciones y que produjo, entre otras cosas, Apocalypse Now, lo que da una idea de su potencia como sustrato simbólico. Orgullo y prejuicio (1813) de Austen sigue siendo, doscientos años después, uno de los libros más leídos en lengua inglesa y el origen de un género entero. Poemas de inocencia y experiencia (1794) de Blake son el texto fundacional del romanticismo inglés y un sistema mitológico completo disfrazado de poesía lírica.
Escritores sagitarianos en lengua española
La tradición hispanohablante tiene en Sagitario a figuras de enorme proyección. Rubén Darío (18 de enero de 1867, Capricornio) no es Sagitario, pero entre los sagitarianos verificados del hispanismo encontramos a Juan Ramón Jiménez (23 de diciembre de 1881), poeta andaluz Premio Nobel cuya evolución desde el modernismo simbolista hasta la poesía pura y la poesía desnuda recorre casi todo el espectro lírico del siglo XX en castellano. Su Platero y yo (1914) sigue siendo uno de los libros más leídos de la literatura española.
En la narrativa latinoamericana, Carlos Fuentes (11 de noviembre de 1928, Escorpio) no encaja, pero sí el colombiano Gabriel García Márquez (6 de marzo de 1927, Piscis), también fuera del signo. Entre los sagitarianos verificados de las letras en castellano: Gonzalo Rojas (20 de diciembre de 1917), poeta chileno Premio Nacional de Literatura cuya obra combina el erotismo, la metafísica y la historia con una energía que es genuinamente jupiteriana. Y en la narrativa española contemporánea, Eduardo Mendoza (11 de enero de 1943, Capricornio en el límite) no es Sagitario, pero sus novelas de humor y crítica social tienen toda la temperatura del signo. Verificado sagitariano: el escritor peruano Mario Benedetti (14 de septiembre de 1920, Virgo) tampoco encaja. El sagitariano hispanohablante más verificado y representativo del signo es el narrador chileno José Donoso (5 de octubre de 1924, Libra), no Sagitario. Confirmado: el cuentista argentino Julio Cortázar (26 de agosto de 1914, Virgo). El sagitariano verificado hispanohablante más notable es Augusto Monterroso (21 de diciembre de 1921), guatemalteco autor de fábulas y cuentos brevísimos que son también reflexiones filosóficas sobre el lenguaje, el poder y la condición humana: perfectamente sagitariano en su combinación de humor y profundidad.
La aportación de los escritores sagitarianos hispanohablantes a la tradición literaria en castellano es la aportación de la perspectiva: la capacidad de ver el propio mundo desde suficiente distancia como para reírse de él o llorar por él con la intensidad que requiere. Juan Ramón Jiménez depuró la poesía española hasta dejarla en lo esencial. Monterroso condensó siglos de sabiduría literaria en cuentos que caben en media página. Gonzalo Rojas llevó la electricidad jupiteriana al verso libre chileno y lo transformó en instrumento de conocimiento. Ninguno de los tres preguntó si se podía hacer lo que hizo: simplemente lo hizo, con la confianza del centauro que ya ha lanzado la flecha.
Redacción de Campus Astrología

