Escritores famosos signo Tauro

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Tauro escribe como construye una casa: con cuidado en los cimientos, atención al detalle de cada viga y la certeza de que, cuando termine, el edificio durará más que él. Venus y la Tierra le confieren una relación física con el lenguaje que resulta reconocible en cuanto se lee: sus frases tienen peso, textura, aroma. Los taurinos no escriben sobre las cosas: escriben las cosas mismas. La prosa taureana huele a pan recién horneado, a madera mojada, a tinta sobre papel grueso. Si a veces avanza despacio, es porque está posando cada palabra en su sitio exacto.

La paciencia del toro es su gran recurso literario. Donde otros signos se agotan o se dispersan, Tauro regresa al manuscrito año tras año, lima la misma frase durante meses, reescribe lo que ya funcionaba para hacerlo funcionar mejor. Esta terquedad, que en otros contextos puede ser un defecto, en literatura es casi una virtud sobrenatural. Muchos de los edificios más sólidos de la historia de las letras fueron construidos por manos taurinas que no conocieron la prisa.

Los grandes escritores de Tauro

El elenco taurino en las letras universales es extraordinariamente denso y variado. William Shakespeare (23 de abril de 1564) es el caso más extremo: si algún signo puede reclamar la paternidad del escritor más influyente de todos los tiempos, ese signo es Tauro. La riqueza sensorial de su lenguaje, la solidez arquitectónica de sus obras y la capacidad para retratar caracteres con una tridimensionalidad que sigue sorprendiendo cinco siglos después son marcas inequívocas del signo.

Honoré de Balzac (20 de mayo de 1799) construyó La Comedia Humana como si fuera un toro labrando un campo: metros y metros de surcos perfectos, novela tras novela, con una productividad que asombró a sus contemporáneos y sigue asombrando hoy. Charlotte Brontë (21 de abril de 1816) y su hermana Emily (30 de julio de 1818, Leo) constituyen el núcleo de la dinastía literaria más famosa de la literatura victoriana. Søren Kierkegaard (5 de mayo de 1813) fue el filósofo que convirtió la angustia existencial en literatura. Karl Marx (5 de mayo de 1818) escribió el texto político más influyente de la modernidad. Honoré Daumier (26 de febrero de 1808, Piscis en realidad), y sí: también Vladimir Nabokov (22 de abril de 1899), cuyo Lolita es una demostración de virtuosismo lingüístico taurino que difícilmente se supera.

El estilo literario del toro: densidad sensorial y permanencia

La marca estilística de Tauro es la densidad: no la oscuridad conceptual, sino la densidad material. Sus descripciones tienen volumen. Una habitación descrita por un taurino tiene muebles que pesan, paredes que huelen, luz que se puede casi tocar. Balzac describía los interiores burgueses con una minucia de inventario notarial que sus críticos encontraban excesiva y sus lectores, adictiva. Shakespeare llenaba sus escenas de imágenes que activaban simultáneamente varios sentidos. Nabokov convirtió la experiencia sensorial en el asunto central de su poética.

El ritmo taurino es lento pero poderoso. No hay velocidad marciana, no hay volatilidad geminiana: hay cadencia, peso, un avance que no se puede detener porque no arranca de la emoción sino de la acumulación. Este ritmo puede resultar lento para lectores acostumbrados a la prosa de urgencia contemporánea, pero tiene la ventaja de que se recuerda. Las páginas taurinas dejan huella física en la memoria del lector, como si los libros pesaran más después de haberlos leído.

Los géneros que dominan: novela realista, prosa poética y drama psicológico

La novela realista, con su vocación por el detalle observable y la reconstrucción precisa de ambientes, es el territorio taurino por excelencia. El realismo del siglo XIX fue en buena medida una empresa taurina: Balzac lo fundó en Francia, y la tradición continuó con escritores que compartían esa misma vocación por la materialidad del mundo. La novela de personajes —donde la trama importa menos que la textura psicológica de quienes la protagonizan— también encaja bien con la sensibilidad del signo.

El drama psicológico es otro dominio propio: no el teatro de acción y combate (que es más ariano), sino el teatro donde los personajes se desvisten emocionalmente bajo una luz que no perdona. La poesía descriptiva, aquella que convierte la contemplación del mundo en lenguaje, es también territorio taurino. Y la literatura que celebra el placer sensorial —la gastronomía, el erotismo, la naturaleza— encuentra en Tauro a su cronista más confiable.

Los clásicos taurinos que marcaron época

Hamlet, El rey Lear, Otelo, Macbeth, El sueño de una noche de verano: el catálogo shakespeariano es, en sí mismo, el argumento más poderoso a favor de la excelencia literaria de Tauro. Que un solo hombre haya escrito todo eso con esa calidad sostenida durante décadas es algo que todavía no hemos terminado de digerir. La Comedia Humana de Balzac suma más de noventa obras y pretende retratar la totalidad de la sociedad francesa de su época: empresa desmesurada y, de alguna manera, completada.

Jane Eyre (1847) de Charlotte Brontë redefinió la novela romántica y la novela de formación simultáneamente, con una protagonista que tenía voluntad propia en un siglo que no se la reconocía a las mujeres. Lolita (1955) de Nabokov es una novela sobre un crimen narrada con tanta belleza lingüística que el debate sobre si eso es ético o genial sigue sin resolverse, lo cual habría satisfecho al autor. O (el diario de Søren Kierkegaard, publicado entre 1843 y 1846 bajo varios seudónimos) construyó las bases del existencialismo mucho antes de que la palabra existiera.

Escritores taurinos en lengua española

Camilo José Cela (11 de mayo de 1916) es el taurino más representativo de la narrativa española del siglo XX: su La familia de Pascual Duarte (1942) inauguró el tremendismo con una brutalidad calculada y una prosa que tenía la densidad y el peso específico del signo. El Nobel que le concedieron en 1989 fue polémico en algunos sectores, lo que es también taurino: a Tauro no le importa la controversia siempre que el edificio que ha construido sea sólido. La colmena (1951), con su retrato coral de Madrid en la posguerra, es quizá su obra más perfecta: una arquitectura narrativa de una precisión que no deja grietas.

José Ortega y Gasset (9 de mayo de 1883) era Tauro puro y lo demostró en cada una de sus páginas: su prosa filosófica tiene una densidad sensorial poco habitual en el ensayo académico, y La rebelión de las masas (1930) sigue siendo uno de los ensayos políticos más leídos en lengua española. El caso de Ortega ilustra perfectamente la ambición constructiva del signo: no quiso ser solo un filósofo sino el fundador de una tradición intelectual española, y en buena medida lo consiguió. En el ámbito latinoamericano, el poeta argentino Juan Gelman (3 de mayo de 1930) es el taurino verificado de mayor proyección: su poesía combina la densidad matérica del signo con una politización que nunca le resta musicalidad. Cólera buey (1971) y Com/posiciones (1986) son obras que llevan el castellano a registros que ningún contemporáneo alcanzó de la misma manera. Francisco Umbral (11 de mayo de 1935) cierra el elenco con una prosa de alta densidad estilística que convirtió la columna periodística en arte literario y la autobiografía en ejercicio de virtuosismo verbal: el taurino que construyó una voz inconfundible y la mantuvo durante cincuenta años sin pausa.

Lo que tienen en común todos estos escritores taurinos hispanohablantes, más allá de sus diferencias de género y generación, es la convicción de que la escritura requiere tiempo. Ninguno de ellos fue un escritor de urgencias o de destellos: todos construyeron obras de largo aliento, revisaron y reescribieron, apostaron por la permanencia antes que por el impacto inmediato. Ortega tardó décadas en completar su proyecto intelectual. Cela reescribió La colmena durante años antes de publicarla. Gelman siguió escribiendo y perfeccionando hasta los ochenta. Esta paciencia saturnia-venusina, esta disposición a esperar el tiempo que haga falta para que la obra sea lo que tiene que ser, es la marca más profunda del Tauro literario en cualquier lengua.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 05 feb 2022

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