Los peores signos para casarse: ranking

Si el artículo sobre los mejores signos para casarse generó alguna incomodidad, este va a generar más. Bien. La astrología que no dice nada incómodo no sirve de mucho. La tradición clásica —Guido Bonatti, William Lilly, Abu Ma'shar— era perfectamente capaz de señalar que ciertas combinaciones de naturalezas planetarias producen temperamentos que encajan mejor en ciertas situaciones vitales que en otras. El matrimonio es una de esas situaciones. Y algunos signos, honestamente, no están de su parte.
Conviene repetir la advertencia del artículo anterior: esto son tendencias, no destinos. Un Sagitario con la carta natal bien configurada para el compromiso puede ser el mejor cónyuge del mundo. Un Tauro con la séptima casa desastrosa puede dejar a su pareja en un plazo sorprendentemente breve. Dicho esto, hay factores en la naturaleza base de algunos signos que crean fricciones específicas con las exigencias del matrimonio convencional. Describirlos no es una condena; es un servicio.
El criterio: ¿qué hace a un signo poco idóneo para el matrimonio?
Las características que dificultan la adaptación al matrimonio estable son, en gran medida, el reverso de las que facilitan la de los signos del artículo anterior. En primer lugar, la orientación hacia la libertad y la novedad frente al arraigo y la constancia. En segundo lugar, la dificultad para la intimidad sostenida: algunos signos necesitan espacio emocional o intelectual de una manera que la proximidad conyugal puede amenazar. En tercer lugar, la modalidad mutable: los signos mutables tienen una relación con los compromisos que es más provisional que la de los fijos, más adaptable a las circunstancias que a los principios.
A eso se añade, en algunos casos, la naturaleza específica del regente: Júpiter en Sagitario produce una expansividad que puede resultar difícil de contener; Mercurio en Géminis produce una variabilidad que puede resultar difícil de anclar; Saturno en Acuario produce una independencia que puede resultar difícil de compartir. Nada de esto es definitivo; todo ello es relevante.
El podio: los tres signos con mayor dificultad para el matrimonio
Sagitario: el matrimonio como aventura que no termina. Sagitario encabeza este ranking con la dificultad más filosófica: una incapacidad estructural para aceptar que el horizonte ha llegado. Regido por Júpiter, de fuego y mutable, Sagitario tiene en su naturaleza más profunda el impulso hacia la expansión, el viaje, la exploración de nuevos territorios conceptuales y físicos. El matrimonio requiere, en algún momento, decidir que este es el horizonte y que aquí nos quedamos. Para Sagitario, esa decisión va en contra de su naturaleza más básica.
No es que Sagitario sea infiel por definición —aunque la estadística de la astrología popular le atribuye ese rasgo con cierta insistencia— sino que su fidelidad tiene más que ver con la aventura intelectual y emocional que con el arraigo geográfico o conyugal. Un Sagitario que encuentra en su matrimonio suficiente novedad, suficiente espacio para crecer y suficiente libertad puede ser un cónyuge comprometido y leal. La pregunta es si el matrimonio convencional puede proveer esas condiciones indefinidamente. La respuesta honesta es que para muchos Sagitarios, no.
La modalidad mutable añade el factor de la revisión permanente: Sagitario no toma los compromisos como datos inamovibles sino como situaciones que deben seguir teniendo sentido para mantenerse. Si el matrimonio deja de tener sentido —si ya no le enseña nada nuevo, si ya no le expande el horizonte— Sagitario lo reconsiderará con una facilidad que resulta desconcertante para los signos fijos.
Acuario: el matrimonio como contradicción con el principio. Acuario tiene una dificultad matrimonial que es más sofisticada que la de Sagitario pero igualmente real. Saturno como regente clásico le da una seriedad y un sentido de la responsabilidad que podrían hacerlo buen cónyuge, pero la naturaleza aérea y fija del signo crea una paradoja: Acuario es fiel a sus principios con una tenacidad casi inamovible, pero uno de esos principios suele ser la independencia personal absoluta. El matrimonio, que requiere integrar la voluntad propia con la ajena de manera continua, choca con ese principio de una manera que Acuario a menudo no anticipa en el momento de comprometerse.
La dificultad específica de Acuario en el matrimonio no es la infidelidad sino la distancia. Puede ser un compañero leal, intelectualmente fascinante y extraordinariamente respetuoso de la autonomía del otro —de hecho, a veces demasiado respetuoso, hasta el punto de la indiferencia— pero la intimidad emocional sostenida, esa que requiere abrirse y ser vulnerable de manera recurrente, le cuesta de una manera que puede crear un vacío en el vínculo que el cónyuge no siempre sabe cómo gestionar.
Géminis: el matrimonio como texto que necesita reescribirse. Géminis cierra el podio con la dificultad de la multiplicidad. Regido por Mercurio, mutable y aéreo, Géminis tiene la capacidad de ser genuinamente varias personas a la vez, y esas personas no siempre quieren las mismas cosas del matrimonio. El Géminis que se comprometió con entusiasmo hace tres años puede ser, en sentido funcional, una persona diferente ahora, con necesidades diferentes, perspectivas diferentes y, potencialmente, un conjunto diferente de personas en el mundo que le resultan interesantes.
Eso no significa que Géminis no pueda mantener un matrimonio largo y satisfactorio; significa que ese matrimonio necesita tener incorporada en su estructura la capacidad de reinventarse continuamente. Un matrimonio Géminis que funciona es uno que nunca se convierte en rutina, que proporciona novedad intelectual y emocional de manera sostenida, y cuyos miembros se permiten evolucionar sin que esa evolución amenace el vínculo. Encontrar esas condiciones y mantenerlas décadas es, sencillamente, más difícil que para la mayoría de los signos.
Los puestos 4 al 8: con matices pero con retos
Aries (4.º) tiene el problema de la impulsividad: puede comprometerse con la misma rapidez con la que hace casi todo, y esa rapidez de decisión puede ser incompatible con la reflexión que requiere una elección de vida como el matrimonio. Aries aprende con la experiencia, lo cual es admirable, pero a veces esa experiencia incluye matrimonios que no debieron haberse iniciado tan rápido. Con madurez y con el apoyo de una carta bien configurada, Aries puede ser excelente cónyuge. Sin esos factores, puede ser el primero en llegar al altar y también el primero en salir de él.
Escorpio (5.º) entra en esta lista no por falta de compromiso —que tiene de sobra— sino por exceso de intensidad y control. Un matrimonio con Escorpio puede ser profundamente satisfactorio para quien aprecia la intensidad, pero requiere una capacidad para gestionar los celos, la posesividad y la vigilancia emocional que no todos los signos tienen. Si el cónyuge de Escorpio tiene dificultades para la transparencia o necesita espacio emocional significativo, el conflicto puede ser estructural y sostenido.
Leo (6.º) tiene la dificultad de la centralidad del ego. Leo es un cónyuge generoso y apasionado, pero necesita ser reconocido, admirado y colocado en el centro de la narrativa conyugal de manera regular. Un matrimonio donde Leo se siente ignorado o poco valorado activa un tipo de herida que puede expresarse de maneras complicadas. No es vanidad superficial; es una necesidad profunda de ser visto que, si no se honra, puede deteriorar el vínculo de formas que el cónyuge no anticipa.
Piscis (7.º) aparece aquí —aunque también figura entre los mejores en contextos adecuados— por la tendencia a la evasión. Cuando el matrimonio enfrenta dificultades reales, Piscis tiene una capacidad notable para desaparecer: emocionalmente, físicamente, a veces literalmente. La fuga pisciana no es falta de amor; es incapacidad para el conflicto directo. Pero un matrimonio donde uno de los miembros desaparece cuando las cosas se complican no puede resolver sus problemas, y los problemas sin resolver se acumulan.
Libra (8.º) puede sorprender en esta posición, dado que es el signo de la pareja por excelencia. La dificultad librana es diferente: su aversión al conflicto puede hacer que los problemas matrimoniales nunca se aborden directamente, que se acumulen capas de "todo está bien" hasta que hay demasiadas para manejar. La armonía superficial que Libra mantiene puede ser genuina o puede ser una postergación de conversaciones imposibles. Con el tiempo, distinguir una de la otra puede resultar complicado.
La cola: los que se adaptan mejor
En el extremo opuesto de esta lista encontramos a Tauro, Cáncer y Capricornio, que aparecen como los mejores candidatos para el matrimonio no por ausencia de defectos —los tienen, como todos— sino por una orientación natural hacia el compromiso estable que facilita la construcción de un vínculo duradero. Como siempre, la carta natal decide el caso concreto. Pero si tuviéramos que apostar por la estabilidad conyugal solo con el signo solar, apostaríamos por ellos.
Reflexión: el matrimonio y la astrología clásica
La tradición astrológica clásica analizaba el matrimonio con herramientas técnicas precisas: la casa séptima y su señor, los aspectos a Venus y Marte, la naturaleza del señor del ascendente. Nunca redujo el análisis al signo solar. Este artículo, que necesariamente simplifica, debe tomarse como introducción al tema y no como análisis definitivo.
Lo que la astrología clásica sí afirmaría sin dudar es que los temperamentos difieren en sus inclinaciones hacia el compromiso, que conocer esas diferencias es útil tanto para elegir pareja como para entender la propia naturaleza, y que el matrimonio que funciona no es el que elude las diferencias de temperamento sino el que las conoce y las gestiona conscientemente. Con o sin carta natal de por medio, ese conocimiento previo siempre es mejor que la sorpresa.
Redacción de Campus Astrología


