Música para Piscis: géneros, artistas y playlist

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Júpiter rige Piscis —y Venus está exaltada en este signo, lo que ya dice mucho sobre su relación con la belleza— pero hay algo en la naturaleza de Piscis que excede la descripción puramente técnica. Es el signo mutable de agua, el último del zodíaco, el que contiene en potencia los doce anteriores. En la astrología clásica, este posicionamiento final no es trivial: significa que Piscis lleva consigo una memoria de todo lo que precedió, una permeabilidad a todas las experiencias posibles que ningún otro signo tiene. Aplicado a la música, esto produce el oyente más disuelto del zodíaco: alguien que no escucha la música sino que se convierte en ella, que no evalúa ni analiza ni clasifica sino que simplemente desaparece dentro del sonido como el agua que se mezcla con el agua.

Esto puede sonar como una debilidad desde el punto de vista de los signos más firmes en sus identidades. Capricornio mantiene sus criterios frente a cualquier música. Escorpio controla la intensidad de su inmersión. Piscis no controla nada: abre las compuertas y deja que entre lo que tenga que entrar. El resultado es una experiencia musical de una profundidad que otros signos raramente alcanzan, acompañada de una vulnerabilidad que puede resultar difícil de gestionar. Una canción puede hacer llorar a Piscis sin que Piscis sepa exactamente por qué llora, y esta incapacidad de explicar la respuesta emocional no es confusión sino el signo de que algo más profundo que el consciente ha sido tocado.

Los géneros musicales más afines a Piscis

El ambient en sus múltiples formas es quizás el género más naturalmente pisciano: música que no insiste en ser escuchada sino que existe como atmósfera, como entorno sonoro que modifica sutilmente la calidad del tiempo y el espacio. Brian Eno, que inventó el ambient como categoría consciente, dijo que era música que debía poder funcionar tanto si se prestaba plena atención como si se ignoraba completamente. Esa es exactamente la relación de Piscis con el sonido.

El new age bien ejecutado —cuando está bien ejecutado, que no siempre es el caso— conecta con la espiritualidad natural de Piscis sin el kitsch que caracteriza a muchas de sus expresiones más populares. La música sacra de todas las tradiciones —el gregoriano, el sufismo musical de Nusrat Fateh Ali Khan, el gospel profundo, la música hindú clásica de devoción— tiene para Piscis una resonancia que va más allá de la preferencia estética. La música que ha sido creada para acercar al ser humano a algo que no puede nombrarse del todo es la música que Piscis siente como propia.

El dream pop y el shoegaze también son géneros piscesos: esa música de guitarras que se disuelven entre sí, de voces que flotan por encima de la mezcla sin anclar en ningún punto fijo, de melodías que parecen recordadas en lugar de compuestas. Y la música clásica romántica tardía —Debussy, Fauré, Ravel— tiene esa liquidez armónica que parece escrita desde dentro del agua.

Artistas icónicos del signo

Piscis ha producido artistas cuya obra se define por la permeabilidad entre géneros, la profundidad emocional y una especie de transparencia que hace que su música parezca más recibida que compuesta. George Harrison (25 de febrero) es el Beatle más pisciano: el que introdujo el sitar y la filosofía oriental en el rock, el que escribió "Something" como si la canción hubiera llegado desde fuera, el que se interesó más por la música como práctica espiritual que como industria. Su álbum "All Things Must Pass" es un documento de Piscis maduro mirando el mundo con ecuanimidad y amor a partes iguales.

Nina Simone (21 de febrero) es quizás el caso más completo de Piscis aplicado a la música: una artista que nunca fue clasificable, que se movía entre el jazz, el blues, el gospel y la canción de autor con una fluidez que hacía invisibles las fronteras de género, y cuya presencia vocal tenía esa calidad de llegada desde otro lugar que distingue a los artistas piscianos. Kurt Cobain (20 de febrero) llevó la permeabilidad de Piscis a una sensibilidad que no distinguía entre el dolor propio y el ajeno, lo cual es la definición técnica de empatía llevada al límite. Rihanna (20 de febrero) ha construido una carrera sobre la adaptabilidad pisciana: capaz de moverse entre el dancehall, el pop, el R&B y el trap sin perder una identidad que, paradójicamente, consiste precisamente en no tener una.

El mood musical de Piscis

El estado de ánimo musical de Piscis no es estático. Cambia mientras escucha, se transforma con la música, llega a un lugar diferente del que estaba cuando empezó. Esto es literalmente lo que Piscis busca en la música: no la confirmación de un estado ya existente sino la transformación hacia uno nuevo, o hacia la ausencia de estado, hacia esa disolución del sujeto que la meditación busca y que la música a veces consigue sin el esfuerzo de la meditación.

Piscis escucha con una receptividad que puede resultar desconcertante para quienes lo rodean. Una canción que otros procesan en treinta segundos puede producir en Piscis una experiencia de varios minutos de silencio posterior en que la canción todavía está siendo digerida. No hay nada patológico en esto: es el procesamiento largo y profundo de un signo cuya naturaleza no pone límites a la entrada de información emocional.

El mood de Piscis también tiene una relación con el sueño y la vigilia que la música exacerba. Hay canciones que Piscis escucha en ese estado de semidormido que tiene acceso a territorios que la vigilia completa bloquea. La música antes de dormir, o esa música que se mezcla con el sueño ligero, tiene para Piscis una calidad onírica que otros signos no reconocen como categoría pero que es perfectamente real.

Playlist ideal para Piscis

La playlist de Piscis no tiene criterios en el sentido convencional. No está construida según principios de coherencia de género, ni de temperatura emocional, ni de progresión dramática consciente. Está construida —o más exactamente, se ha ido formando— según el principio de lo que en algún momento tocó algo que no se puede nombrar. Cada canción tiene un vínculo con Piscis que puede ser completamente privado: un sueño, una imagen, una sensación física que la música activa y que nadie más que Piscis podría explicar.

La extensión es impredecible. Puede ser brevísima —cinco canciones que son el universo completo de ese día— o puede ser infinita, porque la lógica pisciana no tiene un criterio claro de cuándo una playlist ha terminado. La canción final siempre podría no ser la final, y Piscis raramente tiene la voluntad de imponer el cierre.

Lo que hace especial la playlist de Piscis no es su construcción sino su efecto. Quienes la escuchan sin conocer al autor frecuentemente tienen la sensación de que fue hecha para ellos, de que alguien conocía exactamente lo que necesitaban escuchar en ese momento. Esa permeabilidad, esa capacidad de tocar algo universal a través de lo más privado, es el talento pisciano llevado a la curación musical.

Las canciones de cabecera de Piscis

"Mad World" en la versión de Gary Jules —la original de Tears for Fears es más marciana— tiene esa calidad de escucha desde dentro del agua que es el estado natural de Piscis. La distancia entre quien canta y el mundo que describe no es crítica sino compasiva, y esa compasión sin juicio es exactamente la actitud pisciana ante la existencia. "Somewhere Over the Rainbow" en la versión de Israel Kamakawiwo'ole es la utopía pisciana: un mundo más allá de los límites de este, al que se llega no por un esfuerzo sino por la fe de que existe.

"Hallelujah" de Leonard Cohen —sí, aparece también en Virgo, pero por razones diferentes— es para Piscis la canción sobre lo sagrado que se busca a través de lo humano y lo imperfecto, que es exactamente la espiritualidad pisciana: no la de la perfección sino la de la gracia que llega a través de las grietas. "The Night Will Always Win" de Manchester Orchestra tiene esa rendición ante algo más grande que uno mismo que Piscis no ve como derrota sino como alivio. "Corcovado" de Tom Jobim es la bossa nova más pisciana que existe: melancolía suave, belleza sin insistencia, el amor presente en el paisaje más que en las personas. Y "Weightless" de Marconi Union, que en estudios reales redujo la frecuencia cardíaca y los niveles de ansiedad de los oyentes más que ninguna otra pieza musical medida en laboratorio, y que para Piscis no necesita validación científica porque ese efecto de disolución del límite entre el yo y el sonido es exactamente lo que lleva buscando toda la vida.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 04 feb 2022

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