Películas para Cáncer

peliculas-para-cancer

Cáncer va al cine para sentir, y cuando dice sentir no lo dice metafóricamente. El signo que la Luna rige en domicilio tiene una permeabilidad emocional que hace que las historias de pantalla aterricen en su cuerpo con una intensidad que otros signos encuentran desproporcionada. Cáncer llora en las películas. No en los momentos supuestamente emocionantes —esos los anticipa y se prepara— sino en los detalles inesperados: una mesa familiar, un objeto que conecta generaciones, una mirada entre dos personajes que han estado juntos mucho tiempo y ya no necesitan palabras. Esa película que otros consideran sentimental y Cáncer considera simplemente honesta sobre lo que importa.

Lo que busca en el cine, aunque no siempre lo articule así, es validación de su propia manera de estar en el mundo. Cáncer vive orientado hacia el pasado, hacia la familia, hacia los vínculos que persisten más allá de lo razonable: necesita que la pantalla le confirme que esa manera de amar no es excesiva sino humana. Las películas sobre el tiempo que pasa, sobre lo que se pierde y lo que queda, sobre las personas que nos formaron sin que pudiéramos elegirlo: eso es lo que Cáncer lleva dentro de la sala y lo que le devuelve transformado cuando las luces se encienden.

Las 10 películas imprescindibles para Cáncer

Boyhood (2014, Richard Linklater) es la película más canceriana jamás rodada. Filmada durante doce años con los mismos actores, documenta el crecimiento de un niño desde los seis hasta los dieciocho años. No tiene argumento en el sentido convencional: tiene tiempo pasando, relaciones cambiando, una madre haciendo lo que puede y un padre que intenta estar presente desde la distancia. La emoción es exactamente la del álbum familiar visto con perspectiva: lo que fue y ya no puede volver.

Terms of Endearment (1983, James L. Brooks) tiene la valentía de mostrar la relación entre una madre y una hija de manera honesta, sin idealizarla ni reducirla a conflicto dramático simple. La complejidad de los vínculos familiares —cómo se puede amar a alguien profundamente y hacerle daño de todas formas, cómo el amor filial no tiene la forma que ninguna de las dos partes imaginó— es el territorio donde Cáncer vive permanentemente.

La vida es bella (1997, Roberto Benigni) usa el Holocausto como contexto para una historia de amor paterno llevada al extremo. La decisión de un padre de proteger a su hijo de la realidad construyendo una ficción alternativa puede ser cuestionable filosóficamente, pero emocionalmente es exactamente la lógica canceriana: hacer lo que sea necesario para que los que dependes de ti no sufran, aunque eso implique mentirte y mentirles.

Cinema Paradiso (1988, Giuseppe Tornatore) es sobre la memoria, la infancia en un pueblo siciliano y la figura del mentor que desaparece. El cine dentro del cine, los recuerdos de infancia, el regreso del protagonista adulto a lo que fue: cada plano es nostalgia pura. Cáncer no solo la ve: la habita.

Little Women (2019, Greta Gerwig) tiene la estructura familiar que Cáncer necesita —cuatro hermanas, una madre, la casa como mundo completo— y la inteligencia cinematográfica suficiente para no convertir esa calidez en sentimentalismo. Gerwig además añade una conciencia sobre la condición de las mujeres artistas en el siglo XIX que da a la película una profundidad que va más allá de lo doméstico.

Beasts of the Southern Wild (2012, Benh Zeitlin) sigue a una niña de seis años que vive en un bayou de Louisiana con su padre enfermo. La mirada infantil sobre el fin de un mundo, la lealtad a lo que se conoce aunque sea frágil, el amor por un padre imperfecto que es todo lo que se tiene: Cáncer reconoce cada uno de estos temas como suyos.

Manchester by the Sea (2016, Kenneth Lonergan) es una película sobre alguien que no puede superar un duelo y que tiene que cuidar de un sobrino a quien no sabe cómo querer. El dolor no se resuelve al final, el personaje no sana de manera espectacular: aprende a convivir con lo que no puede cambiar. La honestidad sobre el duelo que no tiene final narrativo limpio es algo que Cáncer aprecia más que cualquier resolución positiva fabricada.

E.T. el extraterrestre (1982, Steven Spielberg) es la película de infancia de varias generaciones, y Cáncer tiene con ella una relación que no acaba con los años. La amistad entre un niño y un ser que no pertenece al mundo donde está, la necesidad de proteger lo que se ama de las fuerzas externas, el dolor de la separación: Spielberg hace esto sin ironía y Cáncer se lo agradece.

Tres colores: Azul (1993, Krzysztof Kieslowski) sigue a una mujer que intenta desapegarse de todo su pasado tras perder a su marido e hija en un accidente. La película observa cómo el apego persiste aunque uno quiera liberarse de él, cómo la memoria tiene una autonomía que no controla la voluntad. Kieslowski filma la emoción interior con una delicadeza que no usa efectismos, y esa contención paradójicamente hace que Cáncer sienta más.

My Neighbor Totoro (1988, Hayao Miyazaki) es una película infantil japonesa sobre dos niñas que descubren criaturas mágicas en el bosque mientras su madre está enferma en el hospital. El cuidado, la protección, el hogar como refugio, la naturaleza como fuente de consuelo: Miyazaki conoce lo que Cáncer necesita y lo entrega sin condescendencia.

Géneros favoritos de Cáncer

El drama familiar es el género donde Cáncer se siente más representado. No el drama familiar disfuncional como espectáculo de traumas —aunque eso también le puede interesar— sino el que trata la vida doméstica con la seriedad que merece. Las películas de Yasujiro Ozu, especialmente Cuentos de Tokio (1953), son el ejemplo más puro: nada «grande» ocurre, simplemente personas mayores que visitan a sus hijos y vuelven a casa con una comprensión más precisa de su soledad. Para Cáncer, nada es más grande que eso.

El coming-of-age es otro territorio natural, especialmente cuando incluye la dimensión del hogar como anclaje. Casi famosos (2000, Cameron Crowe), Stand by Me (1986, Rob Reiner), Lady Bird (2017, Greta Gerwig): películas sobre el momento en que uno tiene que separarse de lo que le ha formado para descubrir quién es. La tensión entre la necesidad de partir y el dolor de dejar lo familiar es el conflicto central de Cáncer proyectado en la pantalla.

El fantástico con alma emotiva también le resulta muy propio. No el fantástico de efectos especiales sino el que usa lo sobrenatural como metáfora de estados emocionales reales: El laberinto del fauno (2006, Guillermo del Toro), La forma del agua (2017, Guillermo del Toro), Una historia de fantasmas (2017, David Lowery). Cáncer cree en los fantasmas, no necesariamente de manera literal, sino en que el pasado tiene una presencia real en el presente.

Directores afines a Cáncer

Steven Spielberg tiene una relación con la infancia, con la familia y con la emoción directa que es profundamente canceriana. Su capacidad para acceder a la emoción del espectador sin artificios intelectuales —el dedo luminoso de E.T., la escena final de Schindler's List (1993)— es algo que los críticos han llamado manipulación y que Cáncer llama honestidad. La diferencia de perspectiva dice más sobre los críticos que sobre Spielberg.

Yasujiro Ozu dedicó su carrera al retrato de la familia japonesa en transición, y sus películas —Primavera tardía (1949), Cuentos de Tokio (1953)— tienen una comprensión del dolor de los vínculos cotidianos que no tiene equivalente en el cine occidental. Sus planos fijos, a altura de suelo, crean la sensación de estar sentado en la misma habitación que los personajes, compartiendo el espacio doméstico con ellos. Para Cáncer, que valora la intimidad del hogar como ningún otro signo, esa proximidad formal es el mayor regalo que puede hacerle un director.

Hirokazu Kore-eda —Nadie sabe (2004), Nuestra pequeña hermana (2015), Un asunto de familia (2018)— continúa la tradición de Ozu con una mirada contemporánea. Sus películas están siempre sobre lo que constituye una familia cuando los vínculos biológicos no bastan o no existen, sobre el cuidado como forma de amor que no necesita nombre oficial. Cáncer puede ver cualquiera de sus películas y sentir que alguien ha filmado algo que siempre supo pero nunca pudo articular.

Películas que Cáncer nunca debería ver

Funny Games (1997, Michael Haneke) es una película sobre dos jóvenes que torturan psicológica y físicamente a una familia durante toda la noche. Haneke la concibe como una crítica al consumo de violencia en el entretenimiento y en un momento tiene al protagonista mirar a cámara y guiñar el ojo al espectador. El problema para Cáncer no es solo el contenido —la violencia sobre una familia es el horror más específico para este signo— sino que la película usa ese contenido como argumento teórico sin ningún espacio para el duelo real.

La naranja mecánica (1971, Stanley Kubrick) tiene una escena de violencia doméstica que se presenta con música de jazz y que Kubrick filma sin ninguna concesión emocional al espectador. La distancia de Kubrick ante el sufrimiento humano es un rasgo de su estilo que algunos signos encuentran fascinante y que Cáncer encuentra directamente cruel. La indiferencia ante el dolor de las personas concretas —incluso las ficticias— es algo que Cáncer no puede procesar como elección estética.

Dogville (2003, Lars von Trier) es una película rodada en un escenario vacío donde los decorados se sugieren con líneas en el suelo, y que concluye con la destrucción violenta de una comunidad que ha abusado de la protagonista. Von Trier es el director más antitético a la sensibilidad de Cáncer: sus películas no tienen casa, no tienen calor, no tienen espacio para el refugio. Son el frío como método filosófico, y para Cáncer, el frío nunca es simplemente filosófico.

Series recomendadas para Cáncer

This Is Us (2016-2022) es la serie que Cáncer habría escrito si escribiera series. Sigue a una familia en tres líneas temporales simultáneas, mostrando cómo el pasado vive en el presente y cómo las decisiones de una generación forman a la siguiente. Tiene momentos de emoción directa que algunos consideran excesivos y que para Cáncer son exactamente proporcionales a la magnitud de lo que ocurre.

Parenthood (2010-2015) es probablemente la serie más realista sobre la vida familiar americana que la televisión ha producido. No tiene grandes dramas: tiene los dramas reales de tener hijos, cuidar a padres que envejecen, mantener una relación de pareja cuando la familia lo consume todo. Cáncer la ve como documentación de su propia vida interior.

Anne with an E (2017-2019) es la adaptación de Anne of Green Gables con una conciencia de la orfandad y el deseo de pertenencia que la serie original no tenía. Anne Shirley busca un hogar, no una casa: busca el lugar donde sea aceptada tal como es. Ese deseo de pertenencia y la búsqueda de la familia elegida es el tema más canceriano posible.

Gilmore Girls (2000-2007, y el revival de 2016) construye un universo doméstico en un pueblo pequeño de Connecticut donde las relaciones entre personas son el único argumento posible. La relación entre Lorelai y Rory —madre e hija que son también mejores amigas— es el tipo de vínculo que Cáncer aspira a tener y que sabe que es difícil de construir en la realidad. La serie lo muestra como posible, con sus grietas, y eso Cáncer lo necesita de vez en cuando.

Fleabag (2016-2019) puede parecer una elección inesperada para un signo tan emocional como Cáncer, pero la serie de Phoebe Waller-Bridge es en realidad una historia de duelo y de cómo alguien que ha perdido a su mejor amiga se autoboicotea para no volver a exponerse al dolor del amor. La distancia irónica es una coraza, y Cáncer reconoce perfectamente las corazas ajenas, incluso cuando las de los demás son mucho más elegantes que las propias.

Redacción de Campus Astrología

Auditoría

2Lecturas
Publicado: 05 feb 2022

Categorización

Palabras Clave