Películas para Leo

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Leo va al cine para ser confirmado. No en el sentido narcisista superficial —aunque el estereotipo no está del todo equivocado— sino en el sentido más profundo de necesitar que la pantalla le muestre que la grandeza existe, que el talento reconocido es posible, que el esfuerzo por ser extraordinario tiene sentido. El signo del Sol necesita ver protagonistas que iluminen, que transformen el espacio que habitan, que sean incapaces de pasar desapercibidos. No le pide humildad a sus personajes: le pide presencia. La película que le habla a Leo no es la que muestra cómo sobrevivir sino la que muestra cómo brillar.

Hay algo en Leo que el cine entiende instintivamente mejor que otras disciplinas: la escena. Leo piensa en términos de escenas, de momentos que se quedarán grabados, de la diferencia entre entrar en una habitación y hacer una entrada. Por eso las películas le afectan de una manera que la literatura o la música no siempre consiguen: porque el cine también piensa en términos de imagen que dura, de momento que se convierte en icono. Leo no solo ve a los actores: los estudia. Sabe exactamente cómo está funcionando esa actuación, qué decisiones se han tomado, dónde está el coraje de mostrarse de esa manera. Es un espectador que respeta el oficio porque conoce el oficio desde dentro, aunque nunca haya subido a un escenario.

Las 10 películas imprescindibles para Leo

Moulin Rouge! (2001, Baz Luhrmann) es una ópera visual sin ningún pudor: colores saturados, canciones pop convertidas en arias, actuaciones al límite del exceso. La película celebra el amor y el arte con la misma intensidad que Leo pone en todo lo que le importa, y tiene la valentía de ser descaradamente emotiva en una época donde la ironía era el idioma obligatorio del cine de autor. Para Leo, el exceso con convicción siempre es preferible a la contención sin convicción.

All That Jazz (1979, Bob Fosse) es una autobiografía disfrazada de ficción sobre un coreógrafo y director de Broadway que se destruye trabajando mientras el trabajo es lo más importante de su vida. La película entiende el narcisismo creativo con una lucidez que solo alguien que lo vive puede tener, y termina con un número musical sobre la muerte que es simultáneamente egocéntrico y brillante. Leo no puede decidir si el protagonista es un aviso o un modelo.

Amadeus (1984, Milos Forman) es sobre el talento, la envidia del talento y lo que significa vivir sabiendo que eres inferior a alguien que no merece ser superior. Para Leo, que tiene una relación más íntima que otros signos con la pregunta de si es realmente tan bueno como cree, la perspectiva de Salieri —la del testigo del genio ajeno— resulta más inquietante que la de Mozart, aunque es Mozart quien debería ser el espejo.

Sunset Boulevard (1950, Billy Wilder) es sobre una estrella que no puede aceptar que ya no lo es. Norma Desmond vive en una mansión con sus recuerdos y su ilusión de regreso, y la película la trata con la crueldad que merece su autoengaño y con la compasión que merece su amor genuino por el arte. Leo necesita ver esta película de vez en cuando como vacuna contra la versión más oscura de su propio signo.

Whiplash (2014, Damien Chazelle) ya aparece en el artículo de Aries, pero también es esencial para Leo. Aries lo ve como historia de perseverancia; Leo lo ve como historia sobre el precio que uno está dispuesto a pagar por la excelencia. La diferencia entre ser bueno y ser el mejor, y si merece la pena pagar con todo lo demás, es una pregunta que Leo lleva consigo con una frecuencia que nunca admite completamente.

El rey León (1994, Roger Allers y Rob Minkoff) es literalmente una película sobre un signo de fuego real que tiene que asumir su destino de liderazgo. La metáfora es tan obvia que resulta casi embarazosa mencionarla, pero eso no hace que Leo deje de emocionarse en la escena donde Mufasa habla desde las estrellas. Las narrativas sobre el destino, la responsabilidad del líder y el derecho a ocupar el lugar que te corresponde son el combustible narrativo favorito de Leo.

Mulholland Drive (2001, David Lynch) tiene en su núcleo una historia sobre el deseo de ser actriz, sobre lo que ese deseo le hace a las personas que lo tienen, sobre la diferencia entre el sueño de la fama y la realidad del oficio. Lynch no es amable con Hollywood pero tampoco lo condena: lo observa como se observa algo que fascina y aterroriza en igual medida. Leo, que tiene su propia fascinación con los mecanismos del estrellato, lo entiende perfectamente.

Victor/Victoria (1982, Blake Edwards) es una comedia donde una mujer se hace pasar por un hombre que hace de mujer en el cabaret de París. La actuación como identidad, el performance como forma de ser, la pregunta de quién eres cuando no estás actuando: es territorio de Leo, que sabe mejor que nadie que no hay una diferencia tan clara entre la persona y el personaje que interpreta.

Cabaret (1972, Bob Fosse) tiene al Kit Kat Club como metáfora de la decadencia berlinesa de los años treinta y a la actuación de Liza Minnelli como uno de los retratos más honestos del carisma en la pantalla. La MC interpretada por Joel Grey mira a cámara durante todo el film con la sonrisa de alguien que sabe que el show debe continuar aunque el mundo fuera del escenario se esté derrumbando. Leo encuentra esa postura simultáneamente valiente y trágica.

Cisne negro (2010, Darren Aronofsky) es el horror de la perfeccionista que pierde la cordura buscando la versión más oscura de sí misma para interpretar el Lago de los Cisnes. Leo puede identificarse con la bailarina que da todo por una actuación aunque la película muestre exactamente hacia dónde lleva esa entrega sin límites. La vocación artística como forma de autodestrucción es el tema que Leo no puede dejar de mirar aunque le duela.

Géneros favoritos de Leo

El musical es el género más leonino por definición: personas que expresan sus estados interiores cantando y bailando, sin ninguna vergüenza por la magnificación emocional que eso implica. Leo no encuentra el musical cursi: lo encuentra honesto. Los sentimientos que en otras películas se reprimen en los musicales se lanzan al espacio con orquesta y coreografía, y esa amplificación le parece proporcional a la intensidad real de la experiencia humana.

El biopic de artista o de figura histórica excepcional también es territorio propio. Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer), Rocketman (2019, Dexter Fletcher), Elvis (2022, Baz Luhrmann): películas sobre personas que decidieron que vivir a escala normal no era suficiente y que pagaron el precio de esa decisión con una mezcla de gloria y autodestrucción. Leo comprende esa elección aunque no siempre la apruebe desde fuera.

El cine de época con drama de corte —pelucas, salones, rivalidades entre aristócratas— tiene para Leo un atractivo que es casi físico. María Antonieta (2006, Sofia Coppola), Barry Lyndon (1975, Stanley Kubrick): el ritual de la apariencia como campo de batalla, la imagen como poder. Leo entiende que cómo te presentas al mundo no es vanidad sino política.

Directores afines a Leo

Baz Luhrmann es el director más leonino en actividad. Moulin Rouge!, El gran Gatsby (2013), Elvis: su cine es sobre el exceso como forma de verdad, sobre la grandiosidad como método para decir algo que la contención no podría comunicar. Los críticos que lo acusan de indulgencia están hablando desde una posición de sobriedad que Leo no comparte ni le interesa compartir.

Bob Fosse es el director que mejor ha entendido el espectáculo como forma de autoconocimiento. All That Jazz, Cabaret, Lenny (1974): en todas sus películas el escenario no es escapismo sino el lugar donde los personajes son más reales que en ningún otro contexto. El performance como revelación, no como ocultamiento, es una idea profundamente leonina.

Cecil B. DeMille es el director del cine épico más grande, más dorado y más ornamentado de la historia de Hollywood. Los diez mandamientos (1956) es una película donde cada plano intenta superar al anterior en grandiosidad. Para la mayoría del cine contemporáneo, ese approach es insostenible; para Leo, es la única escala que hace justicia a la importancia de las cosas que importan de verdad.

Películas que Leo nunca debería ver

I, Daniel Blake (2016, Ken Loach) es un film sobre un hombre mayor que intenta navegar la burocracia del estado de bienestar británico después de sufrir un infarto. Es importante, es necesaria y es la película más anticarismática que se puede imaginar. Para Leo, que necesita que sus protagonistas tengan algo excepcional, aunque sea en sus defectos, el retrato de la mediocridad del sistema aplastando a una persona ordinaria resulta difícilmente soportable durante hora y media.

No Country for Old Men (2007, Joel y Ethan Coen) tiene como antagonista a Anton Chigurh, un asesino sin motivación glamorosa que mata de manera aleatoria con un matarife de ganado. La película no tiene catarsis, no tiene justicia poética, no tiene el tipo de villano con grandeza que Leo puede admirar aunque tema. La ausencia de grandeza en el mal —la banalidad del horror— es exactamente el tipo de visión del mundo que Leo prefiere no contemplar.

Marriage Story (2019, Noah Baumbach) es un retrato de un divorcio en tiempo real, con dos personas mediocres en su dolor —no hay héroe ni villana— y con escenas de discusión doméstica rodadas con una fidelidad a lo ordinario que resulta incómoda. Leo puede apreciar la actuación de Scarlett Johansson y Adam Driver, pero el contenido —dos personas destrozándose mutuamente sin ninguna grandeza— no es el tipo de historia que le deja con algo que valga la pena llevarse.

Series recomendadas para Leo

Pose (2018-2021) está ambientada en el mundo del ballroom neoyorquino de los años ochenta y noventa, donde personas LGBTQ+ de color compiten en categorías de performance que van de «mujer ejecutiva» a «realeza de pasarela». Es una serie sobre el arte de la presentación, sobre crear una identidad más verdadera que la que el mundo te ha asignado, y sobre la familia elegida como el verdadero hogar. Leo puede verla y llorar e inspirarse en el mismo episodio.

Glee (2009-2015) tiene sus problemas narrativos —y los tiene, bastantes— pero el placer de ver a personas ordinarias convertirse en algo más a través de la música es exactamente el tipo de transformación que Leo encuentra emocionante. La fantasía de que el talento puede cambiarlo todo, aunque sea dentro de un instituto de Ohio, nunca se vuelve completamente resistente para este signo.

The People v. O.J. Simpson (2016) es sobre uno de los juicios más espectaculares del siglo XX, donde cada participante —el acusado, los abogados, los testigos, los jurados— se convirtió en personaje de un drama que el mundo entero siguió como una serie. La judicialización como teatro, el poder de la imagen pública, la construcción de la narrativa como forma de poder: Leo lo ve con el reconocimiento de quien entiende perfectamente las reglas del juego.

Feud: Bette and Joan (2017) sigue la enemistad legendaria entre Bette Davis y Joan Crawford durante el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962). Dos estrellas que han visto su estrellato declinar, que compiten con la ferocidad de quienes han tenido todo y no pueden aceptar que ya no lo tengan: la crueldad, la dignidad, el humor y la tragedia de la vejez de dos figuras que se definieron por su presencia. Para Leo, que conoce el miedo al eclipse, es una serie que no puede no ver.

Schmigadoon! (2021-2023) es una parodia de los musicales de los años cincuenta donde dos personajes modernos quedan atrapados en un pueblo que funciona según las reglas de los clásicos de Broadway. La serie ama a su target lo suficiente como para parodiarlo con precisión, y Leo, que se ríe de sí mismo cuando puede, la disfruta con la comodidad de quien recibe el chiste y es parte del chiste al mismo tiempo.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 05 feb 2022

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