Películas para Piscis

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Piscis no ve películas: se disuelve en ellas. El signo que Júpiter rige en domicilio nocturno en la tradición clásica —y que la astrología moderna asocia a Neptuno, planeta de lo ilusorio y lo sublime— tiene una permeabilidad hacia la ficción que hace que la línea entre el espectador y lo que ocurre en pantalla sea, en el mejor de los casos, porosa. Piscis llora en los tráilers. No en las películas enteras: en los tráilers, que tienen treinta segundos de música emotiva y la promesa de una historia que todavía no ha empezado. La anticipación del sentimiento puede ser más intensa que el sentimiento mismo, lo que dice algo importante sobre cómo Piscis procesa la experiencia en general.

Lo que busca en el cine no es exactamente entretenimiento sino transformación. Quiere entrar en la sala siendo una persona y salir siendo alguien que ha vivido algo que no estaba en su experiencia previa: que ha amado de una manera diferente, que ha visto el mundo desde una perspectiva que no era la suya, que se ha quedado con una imagen o una nota musical que cambia algo aunque no sepa exactamente qué. Piscis es el signo más capaz de dejarse afectar por el arte, lo que significa que el arte mediocre le afecta también más que a otros signos, aunque en la dirección opuesta: la superficialidad le produce una tristeza que va más allá de la decepción estética.

Las 10 películas imprescindibles para Piscis

El espejo (1975, Andrei Tarkovski) es una película que no tiene argumento en el sentido convencional: tiene imágenes, recuerdos, sueños y la pregunta de si hay diferencia entre los tres. Tarkovski filma la memoria como si tuviera textura física, como si los recuerdos tuvieran peso y temperatura. Para Piscis, que vive en los límites entre lo que ocurrió y lo que se siente como si hubiera ocurrido, esta película es un reconocimiento más que una revelación.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004, Michel Gondry) es sobre la posibilidad de borrar los recuerdos dolorosos de una relación terminada y sobre la decisión —tomada en el proceso de borrado— de conservarlos de todas formas. La memoria como forma de amor, el dolor como prueba de que algo fue real: Piscis entiende esa lógica desde adentro, y la película la expresa con una inventiva visual que hace que el argumento filosófico sea también una experiencia sensorial.

Las horas (2002, Stephen Daldry) sigue a tres mujeres en tres épocas distintas cuyas vidas están conectadas por la novela Mrs. Dalloway de Virginia Woolf. La película tiene un nivel de comprensión del mundo interior femenino que el cine raramente alcanza, y usa la música de Philip Glass como estructura emocional que trabaja en paralelo al argumento. Piscis puede ver esta película y sentir que finalmente alguien ha intentado filmarlo por dentro.

The Tree of Life (2011, Terrence Malick) divide a los espectadores entre los que lo consideran arte mayor y los que salen sin entender qué vieron. Piscis está firmemente en el primer grupo: la película pregunta qué significa estar vivo, qué queda de los momentos que pasaron, si hay alguna continuidad entre la infancia y el adulto que la recuerda. Las imágenes del origen del universo, la gracia, la naturaleza: Piscis las recibe no como metáforas sino como algo más directo que las metáforas.

El viaje a Darjeeling (2007, Wes Anderson) es sobre tres hermanos que viajan en tren por India tratando de sanar algo que ninguno de los tres puede nombrar. La película es más emocional de lo que Anderson suele permitirse, y la secuencia final —los tres corriendo para alcanzar el tren, tirando las maletas de su padre— tiene la estructura del rito de paso sin declararlo. Para Piscis, que a menudo sabe lo que siente antes de poder decirlo, la película trabaja en ese nivel previo al lenguaje.

Atonement (2007, Joe Wright) es sobre el poder de la narración para dar forma a la realidad y el daño que puede hacer cuando se usa sin comprensión de sus consecuencias. La escena final, donde la autora confiesa que ha cambiado el final de la historia porque la realidad era insoportable, es uno de los momentos más perturbadores sobre la responsabilidad del artista que el cine ha producido. Piscis, que también vive entre lo que ocurrió y la versión que prefiere, lo recibe con una incomodidad muy específica.

In the Mood for Love (2000, Wong Kar-wai) es sobre dos personas que saben que sus parejas tienen una aventura y que eligen no replicar aunque podrían. La película observa ese no-amor con una atención tan minuciosa que resulta más íntima que cualquier escena explícita: la mano que no se toca, la mirada que se corta antes de completarse, el deseo como algo que existe perfectamente en el no-cumplimiento. Para Piscis, que tiene una relación con lo que no llega a ocurrir tan intensa como con lo que ocurre, esta película es la más exacta.

Perfect Blue (1997, Satoshi Kon) es un anime de terror psicológico sobre una cantante pop que abandona su carrera para convertirse en actriz y que pierde progresivamente el sentido de quién es. La confusión entre la identidad real y la proyectada, entre el yo y el personaje que el mundo espera, es un tema que Piscis experimenta con más frecuencia de lo que admite. Kon lo filma con una precisión que hace que la película resulte perturbadora de maneras que no siempre se pueden articular.

Stalker (1979, Andrei Tarkovski) es sobre tres hombres que entran en la Zona, un territorio donde los deseos más profundos de las personas se hacen realidad, y sobre lo que eso revela cuando llegan al punto donde debería ocurrir. La película trabaja con la esperanza y el miedo a la esperanza, con la posibilidad de que lo que queremos no sea lo que creíamos querer. Para Piscis, que vive en la frontera entre el deseo y la realidad, la Zona es un territorio reconocible.

Magnolia (1999, Paul Thomas Anderson) entrelaza diez historias en el Valle de San Fernando durante un solo día, todas girando alrededor de los padres, los hijos y el daño intergeneracional. La película termina con una lluvia de ranas —literalmente— que es simultáneamente absurda y perfectamente coherente con lo que precede. Para Piscis, que sabe que la realidad a veces elige el símbolo más obvio disponible sin ningún pudor, esta escena no necesita explicación.

Géneros favoritos de Piscis

El realismo mágico —el cine que introduce lo maravilloso en lo cotidiano sin que nadie se sorprenda demasiado— es el género más específicamente pisciano. Como agua para chocolate (1992, Alfonso Arau), Amélie, Pan's Labyrinth (2006, Guillermo del Toro): películas donde las emociones tienen consecuencias físicas, donde los sueños y la vigilia comparten el mismo espacio narrativo, donde la magia no es fantasía sino amplificación poética de algo real.

El cine espiritual —el que se hace las preguntas últimas con seriedad, independientemente de las respuestas que proponga— también le resulta natural. La misión, El séptimo sello, Silencio (2016, Martin Scorsese): películas que tratan la fe, la duda y el silencio de Dios como problemas filosóficos reales, sin condescendencia hacia quienes creen y sin complacencia hacia quienes no creen.

El anime —especialmente el de Miyazaki y el de Satoshi Kon— es un territorio donde Piscis se siente especialmente libre. La animación japonesa tiene una relación con lo emocional que no pide disculpas por su intensidad, y usa lo fantástico con la naturalidad de quien no distingue el sueño de la vigilia como categorías mutuamente excluyentes. Para Piscis, que tampoco hace esa distinción del todo, el anime es a veces el lenguaje más honesto disponible.

Directores afines a Piscis

Andrei Tarkovski es el director más pisciano de la historia del cine. Sus películas —El espejo, Stalker, Sacrificio (1986), Solaris (1972)— funcionan en el nivel de la experiencia directa más que en el del argumento: uno no las entiende, las experimenta. Tarkovski creía que el cine era la forma artística más cercana al sueño, y su obra es el argumento más consistente para esa proposición.

Hayao Miyazaki tiene una capacidad para crear mundos que funcionan según sus propias leyes —leyes que el espectador aprende intuitivamente, sin que nadie las explique— que solo la animación permite. El castillo ambulante (2004), La princesa Mononoke (1997), Nausicaä del Valle del Viento (1984): cada película es un mundo completo que Piscis habita durante su duración y del que sale con la sensación de haber estado en algún lugar real.

Wong Kar-wai ya aparece en el artículo de Tauro y de Cáncer, pero su lugar definitivo es junto a Piscis. La manera en que filma la memoria, el deseo no cumplido, el tiempo que pasa de maneras que el corazón no acepta: es la cinematografía del signo acuático que vive entre lo que fue y lo que podría haber sido. Sus películas no tienen trama convencional porque la trama convencional requiere decisiones, y lo que le interesa a Wong Kar-wai es exactamente el momento antes de la decisión, cuando todas las posibilidades todavía existen.

Películas que Piscis nunca debería ver

American Psycho (2000, Mary Harron) tiene como protagonista a un banquero de Wall Street que asesina personas con una indiferencia total hacia sus víctimas como seres humanos. La película es una crítica del capitalismo tardío que usa la psicopatía como metáfora, pero la frialdad total ante el sufrimiento ajeno —sin ningún espacio para la resonancia emocional— es exactamente lo contrario de lo que Piscis necesita en pantalla. La empatía como mecanismo de procesamiento requiere que la pantalla también tenga algo de empatía.

Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto (2006, Gore Verbinski) es el segundo ejemplo de franquicia que se incluye en estas listas no para decir que es mala sino para decir que no tiene nada específicamente útil para el signo en cuestión. La segunda entrega de Piratas es puro movimiento, efectos y plot convolutions que se resuelven en el siguiente film. Para Piscis, que necesita resonancia emocional como condición mínima, la ausencia total de interioridad en los personajes hace que la película pase sin dejar huella.

The Wolf of Wall Street (2013, Martin Scorsese) aparece en el artículo de Capricornio con una lectura específica; para Piscis el problema es diferente. La película celebra con una energía contagiosa a personas que no tienen ninguna compasión por nadie, y esa energía contagiosa puede ser perturbadora para un signo con la permeabilidad de Piscis: salir de esta película sintiéndose levemente culpable de haberse divertido es una experiencia que no todos los signos tienen pero que Piscis tiene con una frecuencia que puede resultar agotadora.

Series recomendadas para Piscis

Sense8 (2015-2018) sigue a ocho personas en ocho ciudades distintas que comparten conciencia y pueden experimentar los sentimientos y habilidades de los demás. La premisa es la empatía radical llevada a su conclusión lógica, y la serie la trata con una seriedad emocional que las Wachowski raramente consiguen sostener durante tantos episodios. Para Piscis, que a veces tiene la sensación de sentir lo que sienten las personas que le rodean sin que nadie se lo haya contado, la serie es casi un reconocimiento clínico.

Twin Peaks (David Lynch, 1990-1991) ya aparece en el artículo de Géminis, pero para Piscis tiene una lectura completamente distinta. No es el acertijo intelectual: es la atmósfera. El sonido de Twin Peaks, la música de Angelo Badalamenti, el bosque en la oscuridad, la sensación de que el sueño y la vigilia no son categorías que se excluyan: Piscis puede sumergirse en este mundo y no querer salir, que es exactamente lo que Lynch estaba construyendo.

Six Feet Under (2001-2005) sigue a una familia que regenta una funeraria en Los Ángeles y que tiene que enfrentarse a la muerte de manera cotidiana. La serie tiene el mejor final de la televisión americana, que es una elipsis de cinco minutos que comprime toda una vida humana en imágenes que Piscis verá varias veces porque cada vez producen la misma emoción. La serie trata la muerte con el respeto y la honestidad que merece, sin eufemismos ni sentimentalismo fácil.

Fleabag (2016-2019) aparece por cuarta vez en esta colección de artículos, y si hay un signo al que le corresponde el nivel más profundo es a Piscis: la segunda temporada, con el sacerdote que siente exactamente lo mismo y que lo dice exactamente una vez y luego nunca más, es el retrato más preciso del amor que no puede ser que la televisión reciente ha producido. Piscis puede ver esa escena final diez veces y cada vez sentir que es la primera.

The OA (2016-2019) es una serie que se cancela antes de su conclusión y que, aun así, tiene suficiente para justificar el visionado. Una mujer ciega que recupera la vista después de desaparecer durante años llega a casa con una historia sobre lo que le ocurrió mientras estuvo desaparecida. La serie trabaja en el límite entre lo sobrenatural y lo psicológico sin resolver cuál es cuál, y tiene una secuencia de baile en el penúltimo episodio que Piscis recordará el resto de su vida aunque no pueda explicar exactamente por qué.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 05 feb 2022

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