Por qué los Sagitario son los mejores en la cama

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Existe un tipo de amante que convierte cada encuentro en una pequeña aventura, que llega con entusiasmo genuino, que no trae consigo el peso de las expectativas acumuladas ni la rigidez de los rituales establecidos. Sagitario es ese amante. Júpiter, el mayor de los planetas del sistema solar, rige a este signo de fuego mutable, y esa energía jupiteriana —expansiva, optimista, sin límites claros— impregna cada aspecto de la personalidad sagitariana, incluida su vida íntima. Los Sagitario abordan el placer con la misma actitud con que abordan cualquier territorio nuevo: con curiosidad, con humor, con la convicción de que lo mejor está siempre un poco más adelante.

La mitología asocia a Júpiter con los dioses del olimpo más inclinados a la exploración —y también, seamos honestos, a la infidelidad, que en el mito jupiteriano es más bien un deporte olímpico por sí solo. No hace falta ir tan lejos: lo que importa de la energía jupiteriana en la intimidad es la ausencia de angustia. Sagitario no lleva a la cama los miedos, las inseguridades ni los traumas no resueltos que a veces convierten la intimidad en un campo minado. Lo que lleva es entusiasmo, apertura y una disposición genuina a pasarlo bien que resulta, en la práctica, contagiosamente liberadora.

La fama sexual de Sagitario: mito y verdad

Sagitario tiene fama de ser el amante más aventurero y lúdico del zodíaco, el que siempre está dispuesto a probar algo nuevo, el que convierte la intimidad en un territorio de exploración. Hay bastante verdad en esa descripción, aunque merece algunos matices. La aventura de Sagitario no es siempre la aventura de los experimentos extremos o los escenarios elaborados: con más frecuencia es la aventura de la espontaneidad, de la propuesta que surge sin planificación previa, de la capacidad de reírse de un momento torpe sin que eso destruya el ambiente.

El mito que más daño hace a Sagitario como amante potencial es el del fóbico al compromiso, el que desaparece cuando la cosa se pone seria, el eterno Peter Pan que no puede sostener nada más allá de la novedad inicial. Esta es la cara oscura de la moneda jupiteriana, y no sirve de nada negarla completamente. Pero confundir la libertad que necesita Sagitario con incapacidad para la intimidad real es un error que priva a muchas personas de una experiencia que merece la pena. Un Sagitario que está genuinamente interesado en alguien no huye. Lo que sí huye es de la jaula, de la rutina que mata el entusiasmo, de la intimidad que se convierte en hábito muerto. Mientras haya algo vivo que explorar, Sagitario está presente.

La verdad sobre Sagitario en la cama es que son amantes que hacen que el encuentro sea divertido. No en el sentido trivial sino en el sentido profundo: la intimidad con Sagitario tiene una calidad de juego genuino que libera a ambas personas de la solemnidad que a veces convierte el sexo en una performance ansiosa. Y cuando el placer se produce desde la libertad y la ligereza, cuando no hay nada que demostrar ni nadie que juzgue, el resultado puede ser extraordinariamente bueno.

Sus virtudes específicas como amante

La primera virtud de un amante Sagitario es el entusiasmo genuino. No el entusiasmo performativo que algunos signos más conscientes de la audiencia emplean, sino el entusiasmo que nace de que genuinamente quieren estar ahí, genuinamente disfrutan de lo que está ocurriendo, genuinamente encuentran emocionante la persona que tienen delante. Ese entusiasmo es contagioso: activa en la otra persona una respuesta que la timidez o la inseguridad habrían bloqueado, y que en libertad produce encuentros de una vivacidad poco común.

La segunda virtud es la apertura. Sagitario es el signo mutable de fuego, lo cual los hace adaptativos e impermeables al dogmatismo. En la cama, eso se traduce en una receptividad hacia propuestas nuevas que pocos signos igualan. No tienen tabúes rígidos, no hay territarios que defiendan con inflexibilidad, no hay un "así es como lo hago yo y no se habla más". Si su pareja propone algo diferente con el tono correcto, la respuesta sagitariana casi siempre es "¿por qué no?"

La tercera virtud es el humor. El humor en la cama no es un accidente: es una habilidad social de primer orden que hace que los momentos inevitablemente torpes de cualquier encuentro humano se conviertan en momentos de conexión en lugar de momentos de vergüenza. Sagitario tiene humor natural, seco, sin malicia, que convierte la torpeza en complicidad y la imperfección en encanto. Con un Sagitario nunca tienes que tomarte demasiado en serio. Y esa libertad produce una relajación que es el mejor estado de partida posible para cualquier encuentro.

Lo que ofrece un Sagitario en la cama

Un amante Sagitario ofrece variedad. No la variedad calculada del que ha memorizado un catálogo de técnicas, sino la variedad que nace de que genuinamente no les gusta repetirse. Cada encuentro tiene algo fresco, una propuesta diferente, un ritmo que no es el del último vez. Esa variedad mantenida en el tiempo es uno de los mayores enemigos del aburrimiento, y Sagitario la produce de manera natural, sin esfuerzo aparente.

También ofrecen libertad. Con un Sagitario en la cama no hay juicio, no hay crítica, no hay sensación de que te están evaluando según algún estándar invisible. Puedes ser exactamente lo que eres, proponer lo que se te ocurra sin filtros de autocensura, mostrarte sin armaduras. Esa libertad que los Sagitario crean en sus amantes no es un regalo menor: para muchas personas es la condición previa de cualquier forma de placer auténtico.

Y ofrecen energía. Júpiter es el planeta de la abundancia y los Sagitario tienen abundancia de vitalidad. No son amantes que se agoten prematuramente ni que economicen el entusiasmo. Traen energía, mantienen la energía, y cuando el encuentro llega a sus momentos de mayor intensidad tienen recursos para estar completamente presentes. La resistencia física de un signo de fuego regido por Júpiter no es la más intensa del zodíaco, pero sí es generosa, y raramente defrauda.

La intensidad y el estilo sexual de Sagitario

El estilo de Sagitario en la cama es libre, espontáneo y con una calidad de movimiento que recuerda a la arquería: directo, con impulso, sin vacilaciones innecesarias. Cuando Sagitario quiere algo lo va a buscar, cuando algo les atrae lo persiguen, cuando algo funciona lo aprovechan sin la parálisis reflexiva que afecta a signos más analíticos o más emocionales. Hay una limpieza en su manera de desear que resulta, paradójicamente, muy erótica: sabes exactamente lo que quieren y sabes que te lo están dando sin complicaciones adicionales.

La intensidad jupiteriana es calurosa y expansiva. No oscura como la de Escorpio ni impulsiva como la de Aries. Es una intensidad que se derrama hacia afuera, que llena el espacio, que hace que el encuentro tenga una temperatura alta sin que haya nada que amenace ni pese. Estar con Sagitario en la cama suele describirse como estar en un espacio donde la energía positiva es abundante y donde esa abundancia es contagiosa.

La mutabilidad sagitariana también produce encuentros que cambian de ritmo con naturalidad, que tienen una calidad improvisada, que responden a los momentos en lugar de seguir un plan preestablecido. Esa improvisación, cuando viene de alguien con las capacidades de un Sagitario, no produce caos: produce fluidez, la sensación de que todo ocurre exactamente cuando tenía que ocurrir aunque nadie lo hubiera planeado así.

Cómo aprovechar al máximo a un amante Sagitario

Lo más importante para aprovechar al máximo a un amante Sagitario es mantener la ligereza. No la frivolidad que niega la intimidad real, sino la ligereza que permite que el encuentro sea una fuente de alegría además de de placer. Si llegas con la solemnidad de quien tiene algo importante que demostrar, con el peso de expectativas elaboradas o con la rigidez de quien no tolera lo inesperado, el Sagitario frente a ti se sentirá constreñido y dará una versión de sí mismo considerablemente más limitada que la que es capaz de ofrecer.

Segundo: propón. Los Sagitario responden extraordinariamente bien a las propuestas nuevas, siempre que vengan envueltas en el mismo espíritu de aventura y juego que los caracteriza. No hace falta nada dramático ni extraordinariamente elaborado: una idea diferente, un contexto inesperado, una variación que no estaba en el guión habitual. Si lo propones con entusiasmo genuino, la probabilidad de que la respuesta sea "vamos a intentarlo" es alta.

Tercero: ríete. Si algo sale mal, si algún momento resulta inevitablemente torpe, la respuesta con Sagitario es reírse y seguir. No disimular, no fingir que no pasó, no crear una incomodidad que dure más que el momento en sí. La capacidad de Sagitario para convertir los tropiezos en parte de la diversión es uno de sus activos más valiosos, pero requiere que su pareja esté en la misma frecuencia. Con un Sagitario puedes permitirte ser imperfecto. Más aún: la imperfección compartida, bien recibida, crea un tipo de complicidad que es en sí misma una forma de intimidad.

Por último, no intentes domesticar la espontaneidad de un Sagitario ni convertir la relación en un ritual predecible. El peor enemigo del Sagitario como amante es la rutina que mata el entusiasmo. Si cada vez es exactamente igual a la anterior, si no hay nada nuevo que descubrir, si el encuentro se convierte en un procedimiento en lugar de una aventura, la calidad de lo que recibas disminuirá de manera proporcional al grado de previsibilidad que hayas instalado. La flecha de Sagitario vuela mejor cuando no conoce exactamente la trayectoria de antemano.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 04 feb 2022

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