Por qué los Tauro son los mejores en la cama

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Existe una categoría de placeres que no se puede aprender en un fin de semana ni fingir con buena voluntad. Son esos placeres que nacen de una sensibilidad particular hacia el mundo físico, de una relación con el cuerpo que va más allá del uso instrumental. Los Tauro, regidos por Venus en su expresión más terrenal, pertenecen a esa categoría de manera irrevocable. No es que sean los más apasionados del zodíaco ni los más creativos ni los más atrevidos. Es que son los más presentes. Y la presencia, en el terreno de la intimidad, lo cambia absolutamente todo.

Venus rige tanto a Tauro como a Libra, pero lo hace de maneras radicalmente distintas. En Libra, Venus es la diosa del amor romántico, de la belleza formal, de la armonía estética. En Tauro, Venus es la diosa de los sentidos: del sabor del vino, del peso de una tela sobre la piel, del olor de la tierra húmeda. Cuando esa energía venusina se combina con la naturaleza fija y terrenal de Tauro, el resultado es un amante que convierte cada encuentro en una experiencia sensorial de primer orden. No porque lo intenten, sino porque es su manera natural de relacionarse con el mundo. Para un Tauro, el placer no es un destino: es el camino.

La fama sexual de Tauro: mito y verdad

Tauro tiene fama de ser un signo sensual casi por definición, y en este caso la fama popular acierta bastante más que con otros signos. No es un mito construido sobre estereotipos vacíos: hay algo en la naturaleza venusina y terrestre de Tauro que se manifiesta de manera muy concreta en su forma de relacionarse íntimamente. La conexión con el cuerpo, la paciencia, el disfrute sin prisas: todo esto es tan característico del signo que resulta difícil negarlo.

El mito que sí conviene desmontar es el de Tauro como amante lento hasta el aburrimiento. Es cierto que no son el signo de la espontaneidad desbordante ni del experimento continuo. Pero lento no significa aburrido: significa que cada detalle recibe atención, que el camino importa tanto como el destino, que no hay nada que se omita por impaciencia. Un Tauro que sabe lo que hace —y con el tiempo, casi todos aprenden— convierte esa lentitud en una forma de tortura exquisita que sus amantes recuerdan durante años.

Otro mito a revisar es el de Tauro como signo posesivo que convierte la intimidad en un asunto de territorio. La posesividad existe en el carácter taurino, sí, pero en la cama se expresa más como dedicación que como control. Quieren que su pareja disfrute porque el placer de la otra persona forma parte de su propio placer. Venus en tierra no es egoísta: es generosa, pero de una manera concreta y física que pocas veces decepciona.

Sus virtudes específicas como amante

La primera y más inconfundible virtud de un amante Tauro es la paciencia. En una sociedad que ha convertido la velocidad en virtud suprema, encontrar a alguien que genuinamente disfruta del tiempo que toma hacer las cosas bien es una rareza que se vuelve preciosa. Un Tauro no tiene prisa. Puede pasar horas explorando, aprendiendo, prestando atención a lo que funciona y a lo que no. Esta paciencia no es estoicismo ni autocontrol forzado: es placer en estado puro. El camino les gusta tanto como la llegada.

La segunda virtud es la consistencia. Los Tauro no son amantes que brillen un día y desaparezcan al siguiente, que sean extraordinarios en un encuentro y mediocres en el siguiente. Son fiables en el mejor sentido de la palabra. Cuando algo les gusta y les funciona lo perfeccionan con la tenacidad característica del signo fijo que son. La curva de aprendizaje de un Tauro como amante es una pendiente que sube constantemente y no baja.

La tercera virtud, que con frecuencia se subestima, es su relación con el cuerpo propio y ajeno. Los Tauro no tienen conflictos internos graves con la corporalidad. Para ellos, el cuerpo no es una fuente de vergüenza ni un obstáculo hacia alguna experiencia más elevada: es el vehículo del placer, y merece cuidado, atención y disfrute. Esa actitud desinhibe y libera a sus parejas de una manera que no siempre se aprecia conscientemente pero que transforma la dinámica del encuentro.

Lo que ofrece un Tauro en la cama

Un amante Tauro ofrece, en primer lugar, una experiencia sensorial completa. No son amantes que ignoren el tacto, el olfato, el sonido o el ambiente del espacio físico donde ocurre el encuentro. Tauro es el signo más vinculado a los cinco sentidos en toda la rueda zodiacal, y eso se nota. El contexto importa. La suavidad de las sábanas importa. La temperatura de la habitación importa. La música importa. No porque sean quisquillosos ni caprichosos, sino porque para Tauro el placer es una experiencia holística que involucra todos los sentidos simultáneamente.

Ofrecen también seguridad. Estar con un Tauro en la intimidad no produce ansiedad. No hay juicios, no hay críticas veladas, no hay sensación de que te están evaluando. Tauro crea un espacio donde el otro puede relajarse y ser exactamente lo que es, sin actuaciones ni performances. Esa seguridad es el fundamento sobre el que se construyen los mejores encuentros, y pocos signos la generan de manera tan natural.

Y ofrecen generosidad sensorial. Venus en tierra es dadivosa con el cuerpo: caricias largas, besos que no se apresuran, una atención al placer de la otra persona que no tiene atajos. Un Tauro que está con alguien a quien desea genuinamente no escatima ni en tiempo ni en esfuerzo. El placer compartido no es para ellos un medio sino un fin en sí mismo, y eso se percibe en cada gesto.

La intensidad y el estilo sexual de Tauro

El estilo de Tauro en la cama es sensorial, profundo y sin prisas. Si hubiera que reducirlo a una imagen: el amante que hace que el tiempo se detenga. No hay urgencia, no hay carreras hacia ningún destino. Hay presencia total en cada momento, atención a cada respuesta del cuerpo del otro, un ritmo que se construye lentamente y que cuando alcanza su plenitud es difícil de superar.

La intensidad de Tauro no es la intensidad explosiva de Aries ni la intensidad oscura de Escorpio. Es la intensidad de lo profundo y lo duradero: la diferencia entre una llama que prende y se apaga y un brasero que mantiene el calor durante horas. Esa intensidad acumulada tiene un poder particular que sus amantes describen con frecuencia como adictivo. Una vez que experimentas la manera en que un Tauro construye el placer sin precipitarse, la urgencia de otros amantes empieza a parecer una forma de impaciencia que te quita algo.

El signo fijo que son los hace también resistentes en el sentido más literalmente positivo: tienen energía, tienen resistencia física, no se agotan antes de tiempo. La naturaleza terrestre de Tauro es una naturaleza de larga duración, de construcción constante. En el dormitorio, eso significa que el encuentro tiene tiempo para desarrollarse, para crecer, para alcanzar profundidades que los amantes más acelerados nunca tienen oportunidad de explorar.

Cómo aprovechar al máximo a un amante Tauro

La clave para sacar el máximo partido de un amante Tauro es sencilla en teoría y requiere práctica en la realidad: hay que aprender a desacelerar. Si llegas a un encuentro con un Tauro con la mentalidad de "veamos cuánto podemos hacer en el menor tiempo posible", estás equivocando el enfoque. La propuesta de Tauro es la opuesta: veamos cuánto podemos sentir con la mayor atención posible. Para eso hace falta soltar la prisa, confiar en el proceso y dejarse llevar por un ritmo que al principio puede parecer lento pero que progresivamente se convierte en algo inevitable.

Segundo: cuida el ambiente. No porque Tauro sea quisquilloso, sino porque cuando el entorno es agradable —sábanas limpias, temperatura correcta, una iluminación que no sea la de un quirófano— Tauro se activa a un nivel diferente. No es exigencia: es que los sentidos bien estimulados despiertan todo lo demás. Un Tauro en un entorno sensorial cuidado es un amante completamente diferente al que está incómodo o distraído por elementos físicos desagradables.

Tercero: responde. Los Tauro son amantes altamente receptivos a la retroalimentación, no en el sentido verbal necesariamente, sino en el sentido físico. Si algo les funciona, si algo te produce placer, muéstralo. No de manera teatral ni calculada, sino de manera genuina. Tauro lee el cuerpo con una precisión notable, y cuando siente que lo que está haciendo funciona, lo lleva más lejos con una dedicación que puede ser francamente abrumadora.

Por último: no tengas prisa por que termine. La experiencia completa con un amante Tauro requiere tiempo. No una cantidad irrazonable de tiempo, pero sí la suficiente para que el crescendo que saben construir llegue a su punto álgido natural. Los mejores capítulos de cualquier novela buena no son los que se leen en diagonal. Con Tauro, el argumento merece leerse con calma, sin saltar páginas. La recompensa es proporcional a la paciencia que pongas.

Redacción de Campus Astrología

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Publicado: 04 feb 2022

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