Tauro borracho: cómo es cuando bebe

Tauro es, en condiciones normales, el signo más difícil de mover del zodíaco. Le gusta el placer, valora la comodidad y tiene una relación con el cambio que podríamos describir como "distante y desconfiada". Cuando se añade alcohol a este cuadro, algo curioso ocurre: Tauro no se convierte en una persona más flexible ni en alguien dispuesto a la aventura improvisada. Se convierte, básicamente, en una versión más intensa de sí mismo. Más hedonista, más terco, más instalado en su posición como si la hubiera comprado y pagado a plazos.
Venus, su regente, es el planeta del placer sensorial y la belleza material. Un Tauro borracho es, en esencia, Venus con el sentido del tacto multiplicado por cinco y el sentido común dividido por dos. Come más, bebe más, toca más, disfruta más —o intenta disfrutar más, porque hay un punto en el que el disfrute se convierte en algo cualitativamente diferente que Tauro, con su característica terquedad, se niega a reconocer. Ese punto suele ser bastante más allá del que cualquier médico recomendaría.
Cómo cambia Tauro cuando bebe
La transformación de Tauro bajo los efectos del alcohol es gradual, casi imperceptible al principio. A diferencia de Aries, que pasa de cero a caótico en dos tragos, Tauro mantiene las formas durante bastante tiempo. Los primeros vasos lo relajan, lo ablandan, lo hacen más comunicativo que su habitual estado de "presencia física con procesamiento verbal mínimo". La conversación fluye mejor, la risa llega con más facilidad, el Tauro reservado y algo desconfiado se abre como esas flores que solo florecen de noche.
Después de varios vasos, sin embargo, empiezan a emerger características que quienes lo conocen reconocen con cierta aprensión. La terquedad, que en sobriedad ya es considerable, alcanza dimensiones bíblicas. Si Tauro ha decidido algo —quedarse donde está, pedir otra ronda, que una determinada película es la mejor que se ha hecho nunca—, ningún argumento racional del universo conocido lo hará cambiar de postura. Ni evidencias. Ni súplicas. Ni el apocalipsis.
También se vuelve más posesivo con sus cosas y con sus personas. El Tauro borracho marca territorio de una forma que haría enorgullecer a cualquier bovino. Su silla es su silla. Su copa es su copa. Y sus amigos, sus amigos. Que nadie lo olvide.
El tipo de borracho que es Tauro
Tauro es el borracho de larga distancia. No busca la intensidad explosiva del Aries ni el caos organizado del Géminis: Tauro quiere durar. Es el que lleva en el mismo bar desde las nueve de la noche y no tiene ninguna intención de moverse. Es el que sabe el nombre del camarero, ha probado todos los aperitivos de la carta y ha establecido una relación de fidelidad mutua con el establecimiento que bordea lo institucional.
Su borrachera tiene algo profundamente epicúreo. No bebe para perderse ni para desinhibirse radicalmente: bebe para disfrutar más de lo que ya está disfrutando. La buena comida sabe mejor. La música suena mejor. La compañía resulta más agradable. El mundo, en resumen, parece más acogedor y más digno de ser habitado. Hasta que deja de serlo, claro, pero ese momento llega tarde.
Es también el borracho más peligroso en lo que respecta a gastos. Tauro tiene una relación genuinamente afectuosa con el dinero —le encanta tenerlo y le encanta gastarlo en cosas que considera de calidad—, y bajo los efectos del alcohol esa segunda parte se amplifica notablemente. De repente, invita a rondas con una generosidad que sorprende a quienes lo conocen como el gestor financiero más prudente del grupo. La factura del día siguiente suele ser reveladora.
Cosas típicas que hace Tauro borracho
El repertorio del Tauro etílico tiene varios números estelares. El primero y más predecible: comer. Tauro borracho siempre tiene hambre, o al menos siempre encuentra que la comida disponible merece más atención de la que estaba recibiendo. El plato de patatas fritas que alguien pidió para compartir termina siendo suyo. Si hay una cocina accesible en algún momento de la noche, Tauro encontrará el camino.
El segundo clásico es el discurso sobre la calidad. Tauro tiene criterio —genuinamente— y el alcohol lo convierte en un crítico más elocuente y considerablemente menos diplomático. El vino que han pedido "no es lo que debería ser". El bar podría mejorar la acústica. La música está bien pero hay opciones mejores. Todo esto se dice con la autoridad de alguien que ha pensado mucho en el tema, porque probablemente sí que ha pensado mucho en el tema.
También hay que mencionar el contacto físico. Tauro es un signo táctil incluso en sobriedad —Venus rige los sentidos y Tauro toma ese mandato muy en serio—, y el alcohol amplifica esa necesidad de contacto físico. Abrazos más largos de lo habitual, palmadas en la espalda, ese tipo de presencia física que puede resultar muy reconfortante o ligeramente abrumadora según el interlocutor.
La resaca y la vergüenza posterior de Tauro
La resaca de Tauro es, coherentemente con todo lo demás, una resaca de larga duración. No hay prisa por superarla, igual que no hubo prisa por llegar a ella. Tauro se instala en su sufrimiento post-etílico con la misma comodidad con la que se instala en su sofá favorito: definitivamente, sin planes inmediatos de moverse.
La gestión de la vergüenza es interesante en este signo. Tauro tiene orgullo, pero también una practicidad que a veces sorprende. Si la noche anterior hizo algo vergonzoso —y típicamente Tauro borracho no llega a extremos espectaculares, sino a excesos más bien tranquilos y placenteros—, la reacción no suele ser el dramatismo ni la negación total. Es más bien un silencio digno y una decisión tácita de no volver a mencionar el asunto.
Lo que sí le molesta visiblemente es la factura. No porque el dinero sea su máxima preocupación, sino porque Tauro tiene una memoria casi contable de lo que gastó cuando estaba sobrio, y el contraste con lo que gastó cuando no lo estaba le resulta perturbador en un nivel profundo. "No puede ser que haya invitado a tantas rondas" es una frase que los cercanos a un Tauro habrán escuchado alguna vez en contexto de resaca.
Advertencias sobre Tauro borracho
La advertencia principal con Tauro borracho es la de no intentar moverlo. Si ha decidido quedarse donde está —en el bar, en el sofá, en ese rincón de la fiesta donde se instaló hace tres horas—, no hay estrategia de persuasión conocida que funcione. Puedes intentar el argumento racional, la apelación emocional, la amenaza vacía de irte sin él. Tauro esperará pacientemente a que termines y luego seguirá exactamente donde estaba.
Segunda advertencia: no le discutas en ese estado. No porque tenga razón necesariamente, sino porque la combinación de terquedad y alcohol en Tauro produce algo parecido a un búnker argumental: impenetrable, autosuficiente y con provisiones para aguantar mucho tiempo. No es una batalla que valga la pena librar.
Tercera, y esta es genuinamente útil: si vas a una noche de copas con Tauro, come antes. Tauro comerá —mucho, bien, y con criterio— y querrá que los demás también coman. Si no tienes apetito pero estás en su compañía, prepárate para recibir ofertas de comida con la insistencia de alguien cuya misión en la vida depende de que tú comas algo.
La nota final, porque la justicia lo requiere: Tauro borracho es, en términos generales, bastante agradable de tener cerca. No monta escándalos, no busca peleas, no desaparece sin avisar. Se queda, disfruta, comparte y eventualmente se queda dormido con una placidez que resulta casi envidiable. Hay peores formas de pasar una noche.
Redacción de Campus Astrología

